Historia de los Rayos Alfa de las Substancias Radiactivas, Ernest Rutherford

[History of the alpha Rays of radioactive Substances]. El sabio inglés Ernest Rutherford (1871-1937), ya Premio Nobel de Química, fue invitado a participar en un ciclo de conferencias, con motivo del XX aniversa­rio de la Universidad Clark en Worcester (Massachusetts, Estados Unidos), junto con otros eminentes sabios, en 1909. Esta serie de conferencias fué publicada en 1912.

La exposición de Rutherford nos da, en 12 pá­ginas, una reseña histórica del descubri­miento y experiencias fundamentales con­cernientes a los rayos alfa. La lógica del encadenamiento entre los nuevos descubri­mientos, expuesta en estas páginas con ex­traordinaria claridad, ofrece tanto al profano como al investigador un destacado ejemplo del método científico. Descubiertos por Rutherford en 1898, al estudiar las radiaciones emitidas por el uranio y sus compuestos, los rayos alfa, menos penetran­tes que otros rayos que les acompañan (los rayos beta), se juzgaron al principio ca­rentes de interés. Más tarde, mediante el empleo de métodos de experimentación dis­tintos, Crookes y Rutherford demostraron sus analogías con los rayos canales, partícu­las cargadas positivamente. La etapa si­guiente consistió en demostrar que la emi­sión de partículas alfa lleva consigo una transformación del átomo, y que dicha emi­sión podía servir para medir la rapidez de esta transformación. Al mismo tiempo, Ru­therford demostró que esta continua emisión de energía bajo la forma de radiaciones no está en oposición con el principio de con­servación de la energía, y explicó que la emisión de calor por el radium, descu­bierta por P. Curie y Laborde, es otro as­pecto del mismo fenómeno: el calor es el fenómeno secundario, correspondiente a una parte de energía de los rayos alfa.

Faltaba aún descubrir la naturaleza de los rayos alfa, y el mérito corresponde asimismo, en gran parte, a Rutherford y sus discípulos. Y es así cómo Rutherford y Soddy sugirie­ron que, si ciertos elementos estables se producen en la transformación de los radio­elementos, se deben encontrar cantidades considerables en los viejos minerales ra­diactivos. Ahora bien, éstos van siempre acompañados de helio. Ramsay y Soddy demostraron igualmente que la emanación del radio ocasiona, a la larga, el nacimien­to de helio. Numerosas experiencias con­cordantes entre sí demuestran a continuación que las partículas alfa tienen un e/m (razón de carga y masa) que corresponde a un átomo de helio con dos cargas posi­tivas. Rutherford cierra su estudio demos­trando que el papel representado por el he­lio en la constitución de los elementos ra­diactivos es importantísimo y abre amplias perspectivas sobre la constitución de la ma­teria en general.