[Histoire des progrès des sciences naturelles, depuis 1789 jusqu’à ce jour]. Obra del gran naturalista francés George-Léopold-Chrétien-Frédéric- Dagobert Cuvier (1769-1832), publicada en Bruselas, en dos volúmenes, en 1838. Por las conquistas de Cuvier en el campo de la zoología comparada y también por la luz que arrojó en otros campos de la ciencia, la obra gozó de gran fama. En la introducción del primer volumen distingue las ciencias matemáticas, en las que predomina la certeza, de las naturales, porque en las aplicaciones de las primeras, una vez establecido un hecho comprobado el resto es obra del cálculo, mientras que las ciencias naturales, entre las que coloca también a la física y química, aun ocupando un lugar inferior en cuanto a certeza, merecen el primero por su extensión. Los principios generales de las ciencias físicas, según él afirma, las hacen rebeldes al cálculo, lo que las redujo durante mucho tiempo a la observación de los fenómenos y a su clasificación; pero esta afirmación de Cuvier hay que aceptarla hoy «cum grano salis».
La mayor parte de los gobernantes, añade, se creen en el derecho de no advertir y de no tener en cuenta en las investigaciones nada más que su empleo cotidiano en las necesidades de la sociedad. Pero los hombres instruidos, no influidos por vanos prejuicios, saben perfectamente que todas estas operaciones prácticas, fuente de las comodidades de la vida, no son sino fáciles aplicaciones de las teorías generales. Podemos también decir que ninguna verdad física es indiferente a los bienes de la sociedad, como tampoco lo es ninguna verdad moral en relación con el orden que debe regularla. El primer volumen se puede dividir en dos secciones: la primera, subdividida a su vez en tres partes, es de carácter general, y pasa revista a los principales descubrimientos y a sus teorías. En la primera parte, con el título de «Química general», Cuvier incluye temas que hoy se estudian en los tratados de Fisicoquímica; así, por ejemplo, además de la teoría de las cristalizaciones y de la afinidad, que el autor llama «teorías sobre los agentes químicos imponderables», tales como la luz y el calor; se refiere igualmente a las teorías sobre los vapores, sobre la electricidad, incluyendo en la química general la teoría sobre la combustión.
En cuanto a la química particular, recuerda Cuvier los nuevos elementos metálicos y terrosos los nuevos ácidos y los productos recién descubiertos. Sigue, todavía en la primera sección, la segunda parte sobre Historia Natural, en la que trata de la atmósfera, de la hidrología, de los minerales, de la geología, de los cuerpos vivientes con sus funciones y con su estructura, de la botánica, de la zoología, del perfeccionamiento de los métodos en lo que se refiere al estudio de plantas y de animales, y del progreso de la anatomía comparada. En la tercera parte habla sobre todo de las ciencias aplicadas, tales como la medicina, la agricultura, la tecnología. Tras esta rápida reseña de carácter general, que ocupa las primeras 175 páginas del primer volumen, viene la exposición cronológica detallada de las experiencias e investigaciones del autor de 1809 a 1826, con las siguientes divisiones: I, Física, Química y Meteorología; II, Mineralogía y Geología; III, Botánica y Fisiología General; el segundo volumen prosigue la exposición cronológica con las siguientes subdivisiones: IV, Zoología, Anatomía y Fisiología; V, Medicina, Cirugía, de 1809 a 1826; VI, Física, Química y Meteorología, del 1827 al 1830; VII, Mineralogía y Geología, del 1827 al 1830; VIII, Fisiología vegetal y Botánica, del 1827 al 1830; IX, Anatomía y Fisiología animal y zoología, del 1827 al 1830; X, Medicina y Cirugía, de 1827 a 1830.
P. Pagnini

