Evolución de la Crítica, Ferdinand Brunetiére

[L´évolution de la critique]. Obra publicada en París, en 1890, y cuyo título completo es La evolución de la crítica, desde el Rena­cimiento hasta nuestros días [L’évolution de la critique depuis la Renaissance jusqu’á nos jours].

Está constituida por 10 lec­ciones profesadas en la Escuela Normal Su­perior de París como introducción a la obra La evolución de los géneros en la historia de la literatura [L’évolutiun des genres dans l´histoire de la littérature]. En su intento de formular una teoría, que con exigen­cias científicas tuviese en cuenta lo pecu­liar de las actitudes de las obras de arte y del pensamiento, Brunetiére considera sobre todo la necesidad de establecer una historia de la crítica francesa en su com­pleto desarrollo doctrinal. Antes en la crí­tica que en los géneros, quiere indicar los caracteres de una «evolución», es decir, de un desarrollo orgánico a través de sus varios momentos y según motivos que no están lejos de la precisión científica. La debilidad de la aplicación del principio na­turalista a la literatura (con géneros que nacen, se desarrollan y mueren como si fueran seres vivos, casi al margen de la espontaneidad creadora de los artistas) pue­de parecer menos grave en este libro, in­teresante porque concibe la crítica literaria en su devenir histórico, en una sucesión de hechos que la hace copartícipe de los problemas de la historia y de la filosofía.

Por eso, Brunetiére considera que la crí­tica francesa en los períodos «anticlásico» (el Renacimiento), clásico (los siglos XVII y XVIII) y moderno, es el «vestíbulo» de los géneros. Las mismas transformaciones de los conceptos críticos son un índice elo­cuente, dice él, de cómo se pueden consi­derar los géneros durante los siglos. Pri­mero, en el período que va desde cerca de 1550 a 1605, es decir, desde Du Bellay a Malherbe, la crítica es todavía incierta, y con mayor razón, en contacto con las obras maestras de la antigüedad, trata de expresar un juicio y formular una poética. Se van formando así verdaderas reglas, las cuales, en el período alrededor de 1610 a 1660, dan origen a interesantísimos y de­batidos problemas. Pero sólo con Boileau se fija un tipo de crítica, que basándose en las reglas tomadas de los modelos clá­sicos las justifica según la naturaleza y se­gún la razón: por eso, en el período si­guiente, hasta cerca de 1680, y más allá de la «Querelle des anciens et des modernes», hasta 1730, la lucha contra la tradición, a menudo violenta y desigual, es un índice de la desorientación de los espíritus.

En un nuevo período, que llega casi hasta 1780, se aprecia la influencia moderadora de Vol­taire, respetuoso con los grandes modelos. Entre los modernos, los más animosos po­lemistas, la Staél y Chateaubriand, harán sentir el valor de la nueva literatura ro­mántica, con sus nuevas bellezas que, extra­ñas al mundo de los clásicos, buscarán otras reglas. Y finalmente, en el campo de la crítica propiamente dicha, la variada y penosa actividad de hombres como Villemain, Sainte-Beuve y Taine, muestra el en­riquecimiento cada vez más complejo de la crítica literaria, en contacto con la histo­ria, con la psicología y con la ciencia. Así, pues, también la crítica revela en su cons­tante desenvolvimiento las etapas fecun­das de una evolución que por necesidad es aquí más evidente que en las creacio­nes del arte. La obra de Brunetiére, me­nos abstractamente sistemática que muchas otras basadas en los mismos principios, es en substancia una breve historia de la crítica francesa considerada en sus mo­mentos más característicos. Pero lo abs­tracto del tratado, en el hecho de no con­siderar todos los elementos de la recons­trucción histórica (por ejemplo, en las relaciones del Renacimiento francés con el italiano o del siglo XVIII francés con la cultura inglesa), termina empobreciendo el cuadro de sus elementos más característicos y vitales, especialmente los relacionados con las obras de arte de los distintos «pe­ríodos».

C. Cordié