Estudios Vincianos, Roberto Marcolongo

Memorias sobre la Geometría y la mecánica de Leonardo da Vinci [Studi vinciani. Memorie sulla geo­metría e la meccanica di Leonardo da Vinci].

Obra publicada en 1937 por suscripción, después de la jubilación del autor. Es un volumen en cuarto de VIII, 364 páginas, que contiene los más destacados escritos de Marcolongo sobre Leonardo: Arte y ciencia de Leonardo da Vinci [Arte escienza di Leonardo da Vinci]; La mecánica de Leo­nardo da Vinci [La meccanica di Leonardo da Vinci]; Tratado de Leonardo da Vinci sobre las transformaciones de los sólidos [Trattato di Leonardo da Vinci sulle trasformazioni dei solidi] (cap. I. Los tres li­bros del tratado de las transformaciones de los sólidos; cap. II. Los dibujos de la se­gunda parte del pequeño códice Forster I).

Para tener una idea más completa de la actividad de Marcolongo sobre Vinci, véase su opúsculo: Cuarenta años de enseñanza [Quaranta anni di insegnamento] (Nápo­les, 1935), que contiene la bibliografía de las principales publicaciones y un párrafo, titulado «Trabajos sobre Leonardo da Vin­ci» (pp. 24-26), que puede servir de guía. En este párrafo explica Marcolongo que comenzó a ocuparse de Leonardo después de ser nombrado miembro de la comisión vinciana en sustitución comisiónvaro.

En­tonces él, además de sus trabajos de editor de manuscritos vincianos, se ocupó de su exégesis. A este propósito hace observar que los tres mayores trabajos sobre el tema son el 2.°, 3.° y 4.° de los Estudios vincianos, añadiendo que en el trabajo sobre las in­vestigaciones geométricas de Leonardo so­metió a un minucioso examen crítico las fuentes y todos los documentos de Vinci; en el de la mecánica expuso y coordinó todas las investigaciones de Leonardo so­bre la estática, la dinámica y la resistencia de los materiales, haciendo la crítica de las fuentes y poniendo de relieve la belleza y la importancia del artista científico; en el último trabajo hizo el análisis de los pe­queños códices Forster (v. Códices Forster), que en su primera parte contiene la primera redacción del tratado sobre la transforma­ción de los sólidos y la segunda algunas investigaciones sobre la espiral de Arquí­medes, cuyas leyes e historia expuso.

Mar­colongo concluye con estas palabras: «las numerosas recensiones sobre este trabajo, y especialmente sobre el segundo, aparecidas en varias revistas italianas y extranjeras, revelan la notable importancia de estas contribuciones de Vinci». Marcolongo esta­ba sinceramente persuadido de la impor­tancia de estos trabajos suyos, lo cual es natural, ya que a ellos se había dedicado con gran empeño, estudiando los manus­critos de Vinci y la enorme cantidad de literatura sobre ellos. Para tener una idea de la actividad leonardista de Marcolon­go, ha de tenerse también presente el pe­queño volumen de divulgación Leonardo da Vinci artista científico [Leonardo da Vinci artista-scienzato]; (segunda edic., Milán 1943) y los índices del códice atlán­tico, compilados por Guido Semenza, que Marcolongo publicó en Milán en 1939, des­pués de larga y fatigosa labor. Los Estu­dios vincianos constituyen sin duda una buena contribución al conocimiento cien­tífico de Leonardo.

Marcolongo ha leído con gran cariño los manuscritos de Vinci, logrando hacer sobre ellos observaciones nuevas y agudas, especialmente desde el punto de vista matemático. Sin duda las mejores son las observaciones sobre las lúnulas, en las que el autor, más que obra de investigador y de exégeta, la hace de matemático puro. Se puede discutir si Leonardo dio realmente o si se hallaba en condiciones de dar las soluciones que Mar­colongo presenta, pero lo cierto es que estas soluciones y construcciones son bellas. In­teresantes son las investigaciones sobre el problema de Alhacén o de la reflexión so­bre un espejo esférico, con la ingeniosa reconstrucción, o construcción, del aparato inventado por Leonardo para resolver prác­ticamente el problema; interesantes son también las investigaciones sobre la inser­ción de dos medias proporcionales y varias otras. Sin embargo, no se puede negar que a veces, por exceso de entusiasmo, Marco- longo tiende a darnos un retrato demasia­do «modernista» de Leonardo.

Es innega­ble, por ejemplo, que a Leonardo se le puede considerar como precursor de Galileo y de Newton, pero también es cierto que Marcolongo se excede al afirmar (pá­gina 283) que tuvo «una concepción neta de la primera y tercera leves del movi­miento». Esta «neta concepción» implicaría el abandono del aristotelismo, mientras que, según el propio Marcolongo dice en la misma página, «Leonardo sigue completa­mente la ley de la dinámica aristotélica». Más discutible es todavía lo que dice Mar­colongo (pp. 291-294) sobre el problema de la caída de los cuerpos, teniendo en cuenta la rotación de la tierra sobre su propio eje, a propósito del conocido pasaje sobre los cuerpos que caen (ms. G. fol. 55 r.). En aquel pasaje, Leonardo no habla para nada de la rotación de la tierra, por lo que las consideraciones de Marcolongo no nos parecen de ningún modo aceptables.

Según Marcolongo, Leonardo habría previsto, y hasta observado, la derivación de los cuer­pos pesados hacia el este. Esta desviación no fue ni mucho menos observada por el P. Vincenzo Renieri, el cual, en la carta que desde Pisa escribió a Galileo el 13 de marzo de 1641, citada por Marcolongo (pá­gina 294), observó que, dejando caer desde la torre inclinada esferas de madera «co­menzaban a descender no perpendicular sino transversalmente», como hacen las gotas de agua que caen de los tejados, «las cuales, cuando llegan cerca de la tierra, caen de través». Aquí se trata, evidente­mente, no de la desviación sin referencias a su dirección, sino de una desviación en todas direcciones, al azar, es decir, de una desviación que no depende del movimiento de la tierra. A pesar de estos defectos, que no podemos silenciar, los Estudios Vincianos (conviene repetirlo) son un buen libro, que han de estudiar quienes quieran conocer el pensamiento científico de Leo­nardo da Vinci.

S. Timpanaro