Estática Química, Claude-Louis Berthollet

[Essai de statique chimique]. Ensayo publicado en 1803.

El químico saboyano escribió esta obra cuan­do ya había abandonado completamente la teoría del fiogisto (v. Física subterránea) para seguir decididamente a Lavoisier, y en ella se encuentra también lo que el mis­mo Berthollet publicara en sus anteriores Indagaciones sobre las leyes de la afinidad. Esto hace que la obra posea una particular importancia en la evolución del concepto de afinidad química, que aparece como desarrollo y a menudo como la corrección de las ideas ya apuntadas por Bergman (v. Opúsculos de física y química) y otros autores anteriores. En oposición a Bergman, Berthollet sostiene que la fuerza de la afi­nidad química depende de la masa de las sustancias que entran en reacción, revelándose por lo tanto en relación con la fuer­za de gravedad. De ello dedujo que no solamente la formación sino también la composición cuantitativa del cuerpo resul­tante dependía de las relaciones entre las masas de los componentes.

Esto llevaba a la conclusión de que estos componentes de­bían combinarse, generalmente, según rela­ciones variables, lo cual estaba en oposi­ción con los hechos. La idea fundamental de Berthollet fue por desgracia descuidada por los contemporáneos. A partir de 1799, y durante ocho años, Berthollet tuvo una memorable discusión sobre este punto con J. L. Proust (1755-1826), que finalizó, sin embargo, con la derrota de Berthollet, pues­to que Proust demostró que las relaciones de combinación no dependen de las masas de los componentes, sino que —por el con­trario — «son constantes», incluso cuando los dos componentes se combinan en dis­tintas proporciones; en este caso, dichas relaciones varían «a saltos», no por gra­dos, como equivocadamente creyó Bertho­llet en el caso de ciertos óxidos o sales (Estática, II, pág. 399 y sig.).

La polémica, por tanto, había llevado a Proust no muy lejos de la «ley de las proporciones múlti­ples» que todo estudiante conoce (v. Notas científicas de Dalton). El fracaso de Ber­thollet hizo que recobraran su auge las opuestas ideas de Bergman (1735 – 1784), pero el concepto fundamental del químico saboyano volvió a ser objeto de estudio (gracias a las investigaciones de Rose, Berthelot, Péan de St. Gilíes y otros) especial­mente por obra de Guldberg y Waage (Es­tudios sobre las afinidades químicas, 1867), quienes fundaron la conocida ley «de la acción de masa» hoy universalmente re­conocida, y según la cual la acción quími­ca de una sustancia es proporcional a su cantidad activa. Pero si en la ley de la dependencia de la afinidad química de la masa debe considerarse a Berthollet como precursor» más positivos son sus méritos cuando pone claramente de manifiesto que no se puede determinar la magnitud abso­luta de la afinidad química (como Bergman sugirió en sus Opúsculos de física y quími­ca), ya que la «intensidad» de la misma está vinculada estrictamente a las propiedades físicas de los cuerpos en presencia. Entre éstas son principalísimas la «cohesión» y la «elasticidad».

La primera, en relación con la distinta «solubilidad» de las diferentes sus­tancias; la segunda, con su varia «volati­lidad». Así, explicó esos curiosos cambios en que la separación de un precipitado o el desprendimiento de un gas determinan el principio o el fin de una reacción. Mejor dicho, afirmó que un cambio completo de sustancias se podía obtener solamente si — junto a la afinidad— intervenían tam­bién la cohesión y la elasticidad, y así se establecieron unos principios nuevos, que con el tiempo habían de producir numero­sos e importantes frutos. Los problemas tratados en la presente obra son objeto de la fisicoquímica (que se divide en dos par­tes principales: la «dinámica química», y la «estática química»), y justo es recono­cer que esta nueva rama de la ciencia nació con el gran investigador francés Claude-Louis Berthollet.

U. Forti