La Estatua y el Busto, Robert Browning

[The Statue and the Bust]. Poemita del escritor in­glés publica­do en 1855. El poeta se inspira en una an­tigua leyenda florentina, sobre la Estatua y el Busto que pueden verse en la plaza de la Anunziata en Florencia.

Desde las ven­tanas de su palacio, la esposa de un Riccardi ve pasar a un arrogante caballero, el gran duque Fernando I, y se enamora de él..Por la tarde, en una fiesta campestre, ambos cambian una mirada y quizás una palabra de amor. Pero el celoso marido encierra a la esposa en su casa, no permitiéndole más que asomarse a la ventana. La joven, repentinamente, decide huir jun­to a su amado; pero luego difiere el pro­yecto de un día a otro, contentándose con ver al Gran Duque a caballo bajo la ven­tana. Éste, por su parte, quiere raptar a la dama, pero no encuentra nunca el momento propicio.

Pasan así los meses y los años, y ambos reconocen que su amor no era más que un sueño dentro de otro sueño. Antes que su hermosura se marchite, la dama se hace retratar por Luca de la Rob­bia en un busto que, desde la ventana del palacio, mira la estatua ecuestre del Gran Duque, modelada por Juan de Bolonia. Browning ha representado a menudo en sus obras la debilidad espiritual de aquellos que no saben responder a la llamada im­periosa del amor. La Estatua y el Busto representa justamente, no sin un cierto acento desdeñoso, a las almas vacilantes a las que las dudas y los temores retraen de la acción. El poema, que es uno de los más sencillos y espontáneos de Browning, con­ducido desde sus comienzos en un rápido y encontrado movimiento de afectos, toma después un aliento más tranquilo, como queriendo expresar el ritmo retardado de la pasión de los dos amantes.

R. Barocas

Los incidentes y acontecimientos eran para él irreales o insignificantes. Hizo del alma el protagonista de la tragedia de la vida, y consideró la acción como el único elemento no dramático del drama. (Wilde)

Si la poesía de uno (Tennyson) era se­mejante a un tapiz de terciopelo, la del otro (Browning) recuerda el rocoso lecho de un río, en que cada aspereza testimo­nia el volumen y el ímpetu del torrente intelectual que lo ha formado. (Gosse)

Browning fue un gran poeta que escribió grandes poemas, para la mayoría incom­prensibles. (E. Shanks)