Escritos Varios de Barbaro

[Scritti vari]. Más que el insigne monumento filo­lógico de las Correcciones a la historia na­tural de Plinio (v.) o de los estudios In Pomponium Melam, los escritos menores de Ermolao (o Almoró) Barbaro (1453 – 1493), durante tanto tiempo dispersos en códices y publicaciones parciales, indican la variedad de los intereses espirituales de una de las más notables personalidades del Humanismo italiano.

Impresos, especial­mente como prefacios, epístolas y oracio­nes, a principios de 1481 (con trad del pe­ripatético Temistio, Paraphrasis in posteriora Aristotelis in physica), estos varios escritos han sido recogidos y editados crí­ticamente por Víctor Branca (Florencia, 1943), con el título Epistolae, Orationes et Carmina. Las Epístolas [Epistolae], que versan en gran parte sobre cuestiones doc­trinarias discutidas con diferentes interlo­cutores, forman un conjunto orgánico, a pesar de que el autor no pudo jamás dedicarse a revisarlas integralmente con la fina­lidad de publicarlas: la primera colección fue hecha por Quirini (Brescia, 1743) y Sabbadini preparó luego una colección de 130 cartas inéditas (Salerno, 1884).

Escri­tas, a veces por motivos puramente oca­sionales o como disquisiciones eruditas so­bre pasajes de autores clásicos, estas epís­tolas poseen las características del género literario al que pertenecen: están por lo tanto elaboradas según los dictados de la mejor tradición clásica pero sin llegar a ocultar en la exuberancia del estilo la más evidente de las cualidades de un autor, es decir, una aguda búsqueda de la ver­dad, un amor polémico por la recta inter­pretación de los textos, sobre todo aristo­télicos. Desde la ya citada versión de Te­mistio (del que mencionamos una carta dedicada a Sixto IV, y las cartas a Antonio Galateo, a Jorge Merula y a otros) a los documentos recogidos por Branca en im­presiones raras y en códices, notamos la importancia de los corresponsales, con los cuales Barbaro discute animadamente o ex­plica alguno de sus descubrimientos, in­cluso cuando escribe una carta de dedica­toria o para pedir consejo, el humanista veneciano revela tanta reflexión y tanto amor a la verdad, que de las cartas reco­gidas íntegramente por primera vez resulta aún más evidente lo que Vittorio Rossi definió como «apostolado» en la lucha contra el averroísmo paduano y las inter­pretaciones erróneas y tendenciosas de la filosofía aristotélica.

Bastan los nombres de los corresponsales: Marsilio Ficino, Angelo Poliziano, Battista Guerino, Bernardo Bem­bo, Ugolino Verino, Naldo Naldi, para de­mostrar la importancia del epistolario de Barbaro; y añádanse, por el hecho de estar vinculados a sus polémicas más impor­tantes, los de Giovanni Pico della Mirándola y de Nicoleto Vernia, y aun, por sus relaciones de corte, los de Lorenzo de Médicis, Federico de Urbino, y con motivo de las Castigationes plinianae, el papa Ale­jandro VI. Muchas cartas dirigidas a ex­tranjeros, con texto griego, dan fe de la variedad de relaciones del humanista.

Bajo el aspecto político —documentado por las diferentes embajadas, además del destierro— las Oraciones [Orationes] des­cubren otro aspecto del hombre de estu­dio, el del diplomático que, según una tra­dición que se remonta a Dante y a Petrar­ca, aplica su arte y su ciencia a la salva­guarda de las relaciones de las comunida­des y los estados; y^ sabemos de los sinsa­bores que le reportó a Barbaro esta posi­ción, gracias al destierro ocasionado por una legación romana, por haber recibido del pontífice, contra la voluntad de Vene­cia, el patriarcado de Aquileya. Escasas en número, y recogidas de diversas fuentes, incluso extranjeras, estas «Oraciones» son nuevo documento de una actividad incan­sable, ya hagan el elogio fúnebre de Nicco­ló Marcello en 1474, ya se dirijan a prín­cipes y soberanos como Renato, duque de Lotaringia, en el 1483, o a Federico III y a Maximiliano I en el 86 o a sus discípulos de Venecia en el 84 sobre la interpretación de Aristóteles.

De las Poesías [Carmina] se conservan sólo nueve: se trata de dísti­cos dirigidos a Verona, a Pier Cándido Decembrio, a Sixto IV, Ludovico el Moro y reunidos con ocasión de algún epicedio u otras circunstancias. Esta colección de escritos, definitivamente sistematizada por Branca, ofrece, pues, las huellas de una gran actividad de humanista y, lo que es más importante, documenta una profunda renovación de la cultura italiana, especial­mente en lo que hace referencia a la filo­logía, ya sea por la interpretación, ya sea por la edición de los textos. Pero no debe olvidarse en Barbaro, dentro del mismo entusiasmo por la búsqueda de la verdad, la exigencia de una perfección estilística como patrimonio de los clásicos.

C. Cordié