Epístola a los Romanos, San Pablo

Es la más extensa e importante de las 14 Epístolas del apóstol, escrita en griego, probablemente en el año 58, en Corinto. Era el período en que una grave cuestión había surgido en la Iglesia de Roma, entre gentiles y judíos convertidos: éstos no ad­mitían otra justificación que la obtenida mediante las prácticas legales judaicas; los gentiles, a su vez, conscientes de po­seer una filosofía y una moral ya maduras sin necesidad de la revelación, querían te­ner la preferencia, afirmando haber adorado a Jesús apenas le conocieron, mientras que los judíos se habían rebelado y lo habían crucificado. Probablemente algunos amigos y discípulos del Apóstol incitaron su celo y le pidieron una solución pacífica y con­vincente que desvaneciera aquella animo­sidad; y San Pablo aceptó, contento de po­der hacer llegar por primera vez su palabra hasta aquella Roma cuya conversión habría favorecido tanto el progreso de la fe entre los paganos.

Esta epístola se adelantó tres años a su llegada a la capital del mundo. Consta de .dos secciones. La primera, la más importante, es dogmática y teórica (I, 17- XI). Con el propósito de exponer la doc­trina de la Iglesia sobre la justificación, es­tablece la necesidad de la fe cristiana para llegar a la penitencia y a la salva­ción; argumenta esta necesidad, conside­rando tanto la impotencia de la naturaleza como la insuficiencia de la ley mosaica para una vida santa, digna del cielo. La tesis es, pues, bastante compleja. La salva­ción no es sólo fruto del mérito natural, ni de las obras legales, sino de la verdadera fe en Jesucristo, de esa fe cuyo valor y necesidad son iguales para todos los hom­bres. La segunda sección es de carácter práctico y moral (XII-XVI).

Es un con­junto de normas y consejos generales y particulares propios para confirmar a los fieles en la fe y conducirles a la perfección. La vida del justo, cuyo retrato traza, con­trasta igualmente con la de los paganos y la de los judíos, cuya descripción hizo en los primeros capítulos. Así define clara­mente la cuestión. Todos los valores artís­ticos y la elevación de pensamiento de San Pablo aparecen ya en esta carta a los roma­nos. Bastaría ella sola para demostrarnos la profundidad del Apóstol como teólogo, el ardor de su alma y la cultura de su genio, a través de fragmentos de una po­derosa elocuencia. Erasmo la define como el trozo más elegante y armonioso de los escritos paulinos. Grocio la compara por su estilo a las obras de Isócrates. Su autenti­cidad queda demostrada por testimonios ex­plícitos de San Ireneo, del fragmento muratoriano, de San Clemente de Alejandría, de Tertuliano, etc. Las objeciones opuestas por los racionalistas a la autenticidad de esta magnífica epístola son pocas y de nin­gún valor.

G. Boson