Ensimismamiento y Alteración, José Ortega y Gasset

Obra del filósofo español publicada en 1939. Com­prende dos partes: la primera, que le da el título, es la primera lección de un curso profesado en Buenos Aires sobre «El hom­bre y la gente»; la segunda, Meditación de la técnica es un curso dado en 1933 en la Universidad Internacional ‘de Verano de Santander. Ortega parte de la sorprenden­te falta de atención que los sociólogos han dedicado a la cuestión de qué es lo social, de qué es la sociedad, y por tanto de la escasa claridad que sobre ello han conse­guido. En las 5.000 páginas de Comte sobre sociología, apenas se podrá reunir una en que diga qué entiende por sociedad; en las 2.500 páginas de Spencer no aparecerán 50 líneas sobre el tema; en las 350 páginas de Las dos fuentes de la moral y la reli­gión de Bergson «no hay una sola línea en que el autor nos diga formalmente qué son esas sociedades sobre las cuales especula». Ortega contrapone la alteración —modo de ser propio del animal, que no vive desde sí mismo sino desde lo otro, que está ena­jenado — al ensimismamiento, extraña y maravillosa posibilidad humana, que supo­ne dos cosas: poder desatender transitoria­mente el mundo y tener dónde meterse, dónde estar. Lo único que está «fuera» del mundo es precisamente un «dentro», la in­timidad del hombre. Éste, mediante la téc­nica, domina más o menos las cosas, y en cuanto tiene un respiro se mete dentro de sí. Hay tres momentos:

1) el hombre se siente perdido, náufrago en las cosas; es la alteración;

2) se retira a su intimidad para formarse ideas; es el ensimismamien­to, la vita contemplativa,

3) vuelve a sumergirse en el mundo para actuar conforme a un plan preconcebido; es la acción, vita activa;.

El destino del hombre es acción; no vivimos para pensar, sino que pensamos para lograr pervivir; el pensamiento no es algo que el hombre tenga sin más, no le es regalado; el hombre no es seguro, sino que ser hombre significa ser problema, aventu­ra o drama; el hombre está siempre en peligro de no ser hombre, de no ser sí mis­mo, de falsificarse. «Sin retirada estraté­gica a sí mismo, sin pensamiento alerta, la vida humana es imposible». Este núcleo de ideas se desarrolla y prolonga en la Me­ditación de la técnica. No es lo mismo el tipo de acción por el cual el hombre satis­face sus necesidades con los recursos que encuentra (calentarse, comer los alimentos que hay en el contorno, beber, etc.) que la acción técnica, mediante la cual el hombre produce lo que no estaba en la naturaleza (encender fuego, construir una casa o un automóvil, cultivar la tierra). La vida del hombre no coincide con sus necesidades or­gánicas; y la técnica es una reforma de la naturaleza, que está condicionada no sólo por las necesidades primarias u orgánicas, sino por las del bienestar: el hombre no tiene empeño en estar en el mundo, sino en estar bien; por eso la técnica es produc­ción de lo superfluo.

Ortega hace intervenir aquí su idea del hombre como realidad plástica, no fija, no hecha ya de antemano: «es a un tiempo natural y extra natural, una especie de centauro ontológico». Vivir es realizar un proyecto o programa de exis­tencia; lo que llamamos «yo» es ese pro­yecto imaginario. El hombre es «un ente cuyo ser consiste no en lo que ya es, sino en lo que aún no es, un ser que consiste en -aún no ser». El hombre se encuentra en una circunstancia que no ha elegido, en un mundo que incluye su cuerpo y su alma; yo no soy una cosa, sino un drama, una lucha por llegar a ser lo que tengo que ser, por realizar mi pretensión, proyecto o programa. Lo que encuentro son facilidades y dificultades; naturaleza, mundo y cir­cunstancia son interpretaciones de eso. La vida aparece como fabricación de sí misma, pero con las cosas, en la circunstancia, ejer­ciendo sobre ella la presión del proyecto. El bodhisatva, el gentleman o el hidalgo son diversas ideas del hombre, proyectos distintos, con exigencias técnicas completa­mente diferentes. Ortega esboza en este libro, en forma muy densa, tesis metafísicas especialmente importantes, que han ido pa­reciendo años después en la filosofía de diversos países de Europa. La obra se com­pleta con una exposición de los estadios de la técnica:

1) la técnica del azar; 2) la técnica del artesano; 3) la técnica del téc­nico; y concluye con una referencia a los problemas de la tecnocracia y de las rela­ciones del hombre con sus técnicas.

J. Marías