[Saggi di Naturali Esperienze]. Obra científica publicada en 1667, aunque no lleva el nombre del insigne escritor porque su trabajo se presenta oficialmente como fruto de la labor de los académicos «del Cimento», estos experimentos son «descritte dal Segretario di essa Accademia». El escritor reunió sus experimentos y las anotaciones que le pusieron sus colegas, y según la más pura forma literaria de la escuela de Galileo, la redactó con una elegancia de estilo que pronto se hizo famosa. El libro está magníficamente impreso e ilustrado con numerosas láminas en cobre. La obra comienza con la descripción circunstanciada de varios tipos de termómetros y la técnica relativa a su construcción, a los que siguen, también minuciosamente descritos, los higrómetros (los primeros que se conocen) para medir la humedad del aire, y los barómetros de mercurio, basados en el experimento de Torricelli.
Además son mencionados artificios para aplicar los péndulos a la medida del tiempo. Después de la descripción de los aparatos necesarios para las investigaciones, sigue la enumeración de éstas y de los varios procedimientos empleados. Se hallan entre ellos los experimentos relativos a la presión atmosférica, las variaciones de altura de la columna de mercurio que acompañan los cambios de aquella presión; sus relaciones con las diversas alturas y, finalmente, las investigaciones sobre el vacío. Siguen los estudios sobre la dilatación de los cuerpos (los primeros que se hicieron sobre esta materia) y en particular sobre el anómalo comportamiento del agua que al helarse aumenta su volumen de manera que determina la ruptura de los recipientes en que se halla contenida; y observa también la diferencia de la temperatura de solidificación del agua pura y de una disolución salina. Se halla también reconocida la porosidad de los metales, puesto que el agua comprimida en una bola de plata trasuda por las paredes de metal.
Entre los demás experimentos debemos recordar las bellísimas y nuevas investigaciones acerca de los imanes y sus correspondientes fenómenos magnéticos (es importante el descubrimiento de que las acciones magnéticas se transmiten a través del vacío torricelliano) y las numerosas pruebas efectuadas sobre la electrificación por frotamiento de varios cuerpos, entre los cuales se halla mencionado el descubrí- miento de que el fuego descarga los cuerpos electrizados. Los académicos hallaron para la velocidad del sonido en el aire un valor que corresponde a 330,7 metros por segundo, y también advirtieron que la velocidad del sonido no muda con el cambio de su intensidad. Después se reanudan les estudios sobre el movimiento de los proyectiles, ya estudiado por Galileo, que había encontrado sus leyes precisas. Estos experimentos, en su mayor parte originales, están descritos con gran pericia y precisión, y muestran en maravillosa síntesis, cuáles eran los conocimientos científicos de aquella época y qué fervor había infundido la obra de Galileo en la actividad de sus discípulos, entre los cuales merecen recordarse, además de Torricelli y Cavalieri, el gran duque Fernando II, el príncipe Leopoldo, hermano suyo y los miembros de la Academia «del Cimento», a saber, Vincenzo Viviani, Alfonso Borelli, Lorenzo Megalotti, Francesco Redi, Cario Dati, Cario Rinaldini, Alessandro Marsili, los hermanes Cario y Cándido del Buono, Antonio Oliva.
Los académicos «del Cimento» observaron la desviación del plano de oscilación del péndulo, pero sin comprender, como lo vio después Foucault, que este fenómeno es debido a la rotación terrestre. La prosa de Magalotti límpidamente expositiva se vale de su carácter enjuto para hacer resaltar el valor científico de las investigaciones emprendidas bajo la protección de Leopoldo II de Toscana; pero interesa también a la literatura de aquel siglo por la desnudez de la frase y el esplendor de las imágenes adherentes a una realidad que deja descubrir poco a poco su maravillosa potencia. El Proemio, que hace un nutrido elogio de la ciencia, explica la íntima motivación de esta honradez literaria; aquella probidad científica está guiada por la razón y la exaltación del hombre que domina a la naturaleza al indagar sus leyes eternas.
C. Cordié

