Ensayos de Crítica y de Historia de Taine

[Essais de critique et d’histoire]. Colección de ensayos de Hippolyte Taine (1828-1893), publicada en 1858 y aumentada con dos series de Nuevos y de últimos en­sayos en 1894. El título de la primera colección suele comprender los tres volú­menes, particularmente después de la re­fundición y la nueva disposición de los ensayos y prefacios. Acogidas con simpatía y aplauso hasta por los adversarios de su método — entre ellos Sainte-Beuve — las diversas páginas sobre moralistas y filóso­fos, historiadores y autores de memorias muestran al desnudo la actitud espiritual propugnada por Taine, precisamente porque su rigidez sistemática, que en sus primeras obras acaba en monotonía escolar, aquí halla manera de adaptarse a la variedad de los casos estudiados, a las pinturas de am­biente, a la descripción de los caracteres.

Según su concepción del arte y del pensa­miento como documento de una sociedad y de un ambiente, Taine, con vigor narrativo y juicio de historiador, habla del duque de Saint-Simon y de Flechier, de La Bruyére y de De Sacy, para no citar más que algunas de sus páginas más ilustres. Son famosísimas en la polémica literaria sus reivindicaciones de Balzac, de Merimée y particularmente de Stendhal, su primer maestro ideal en los años de su formación. Sin embargo, estando vinculado a una teo­ría del arte no inspirada por la belleza, Taine (antes ya que algunos infieles dis­cípulos) había de mostrar la debilidad de sus argumentaciones. El retrato de un poe­ta o de un filósofo le interesa más que el examen de su obra: retrato anatómico y no pictórico, como quería él mismo, y que resulta seco como una disección que pone ante los ojos del estudioso una miríada de facetas particulares.

También su moralismo y cierto antihistoricismo connatural con toda su preparación filosófica, cierran el camino a la comprensión de figuras y de obras. Pero el carácter apasionado del erudito predomina a menudo sobre el sis­tema, como en las páginas dedicadas a Ma- dame de La Fayette, de manera que la obra queda como uno de los mejores do­cumentos de la crítica francesa del si­glo XIX, reflejando el esfuerzo de esta épo­ca por llegar a una concepción del arte vivo en un mundo orgánico de valores mo­rales, psicológicos y afectivos.

C. Cordié

Taine es uno de los grandes espíritus de este siglo: poseyó en grado sumo la inte­ligencia y la voluntad. La facultad de abs­tracción era su cualidad principal: en sí mismo, quizá, descubrió que ella era toda la inteligencia. Avlicando a la ciencia fa­cultades de metafísico y de lógico, encerró el universo, el de los hechos y el del sen­timiento, en fórmulas abstractas. (Lanson)

Tal vez haya llegado el tiempo de que, disipado cuanto queda todavía de la nube en que la admiración de sus contemporá­neos y connacionales envolvió la persona de Taine, considerándolo como un original y vigoroso pensador, se vea con toda cla­ridad que ni hizo progresar el método crí­tico en ninguno de los terrenos por él toca­dos, ni reforzó ninguna verdad ya descu­bierta, ni halló ninguna nueva, ni sembró nuevos gérmenes; y en cambio amañó y puso en circulación no pocas paradojas y so­fismas. (B. Croce)

Los tres volúmenes de Ensayos conservan su vigor y su fuerza de sugestión; los ar­tículos sobre Saint-Simon y Balzac fueron grandes acontecimientos. (Thibaudet)