Ensayos de Crítica General, Charles Renouvier

[Essais de critique générale]. Constituyen la obra central de la filosofía del fundador de neocriticismo en Francia. Publicados entre 1854 y 1875, comprenden cuatro partes: lógica crítica, psicología racional, principios de la natu­raleza e introducción a la filosofía de la historia. El autor se propone reaccionar contra el positivismo empirista corrigiendo el criticismo kantiano, pero acepta el fun­damento del positivismo: el principio de la ciencia y del conocimiento es el fenómeno, y los fines del conocimiento son las leyes de los fenómenos. El neocriticismo rechaza la hipótesis metafísica de la cosa en sí, y parte de la conciencia como fundamento de la existencia y del conocimiento: toda cosa es representación y relación, enten­diendo la representación no como opuesta a lo representado, al modo de fenómeno con respecto al noúmeno, sino como indi­cando la realidad concreta del fenómeno, que es unidad entre representante y repre­sentado. El orden objetivo es una síntesis de relaciones, de leyes.

Entre éstas pode­mos definir las relaciones primeras e irre­ducibles: son las categorías, que Renouvier fija en número de nueve (relación, número, posición, sucesión, cualidad, devenir, cau­salidad, finalidad, personalidad), a las cua­les antepone la Relación como presupuesta por todas las demás. Cada una de estas categorías es puesta dialécticamente como tesis, antítesis y síntesis. De la relación que es la ley de conciencia supuesta en su generalidad y abstracción, se pasa, por medio de las demás categorías, a la perso­nalidad que es su forma concreta e indi­vidual, y que constituye por lo tanto el fundamento del conocimiento y la unidad real de los fenómenos. El relativismo y fenomenismo de Renouvier se comprenden en función de un individualismo y de una filosofía de la libertad.

La doctrina del hom­bre proporciona el modelo para una teoría de la naturaleza. Si queremos garantizar a los fenómenos una realidad fuera de nues­tra representación, es necesario reconocerles una conciencia y una personalidad; concebirlos en otros términos no sólo como representados, sino también como represen­tantes. La naturaleza es una monadología. El mecanismo no es capaz de una repre­sentación adecuada del mundo: en la rea­lidad de los hechos el determinismo es insostenible, y la ciencia no puede demos­trar la causalidad. Renouvier confuta las antinomias kantianas y llega a las siguien­tes conclusiones: limitación del mundo, ne­gación de la substancia y de los continuos espaciales y temporales, y posibilidad de la libertad. La hipótesis de un comienzo absoluto en el orden de los actos humanos como en el de los fenómenos naturales, no ,es, en modo alguno, contradictoria; la ad­misión de la libertad no es un escándalo lógico. El concepto de la libertad puede proporcionarnos el punto de vista capaz de captar la unidad del sistema de Renouvier. Sobre la libertad funda el autor la metafísica, la concepción de la historia y, además, la teoría de la certidumbre.

Una evidencia lógica, una certidumbre racional, son imposibles. El asentimiento implica la «libre voluntad», y más que un acto de la inteligencia, es un acto de fe. Si la liber­tad fuese autodeterminación del individuo, no subsistiría ya cuando la individualidad fuese constreñida a perderse en la razón universal. En oposición a la moral kantia­na, Renouvier pone el acto libre en el or­den de los fenómenos, esto es, en el único orden real. La libertad es la vida de la persona humana: es el principio de la indi­viduación. Constituye por lo tanto el fun­damento de la vida especulativa y de la moral; es más, la vida especulativa no pue­de aislarse de la vida moral. La investiga­ción de la verdad es para Renouvier un caso particular de la vida práctica, porque el conocimiento es elección, creencia y li­bertad. El probabilismo renouveriano debe comprenderse con relación a este valor del individuo. Se refiere más al sujeto que al objeto. Renouvier no quiere anular las in­dividualidades intelectuales en una anónima razón absoluta. El conocimiento se funda en la libertad y responsabilidad del indi­viduo. No hay por lo tanto certidumbre sin grados; lo verdadero no es sino lo más probable.

A. Donti

Con todo, su estilo abstracto, áspero, he­cho, por decirlo así, con astillas de cristal, mucho más duro aún que el de Comte, re­legó su influencia a una región cuyas llaves sólo poseían los filósofos especialistas. (Thibaudet)