Ensayo sobre lo Bello, padre André

[Essai sur le beau]. Obra filosófica publicada en 1741 y, en una nueva edición ampliada, en 1763. Se compone de varios discursos, leídos originariamente en una Academia francesa; conserva, pues, un tono argumen­tativo que se aproxima a la divulgación y a la conversación familiar. El autor com­bate a los escépticos que nunca tienen un principio sólido en el razonamiento: al me­nos sobre la belleza, afirma, es preciso mostrar un fundamento lógico de modo que se venzan inútiles prejuicios y se disfrute de las obras del espíritu humano en lo que tienen de más excelso y duradero. Es nece­sario que todos estén de acuerdo en afir­mar una belleza esencial (que existe en sí misma como una idea platónica y no tiene necesidad de nada para subsistir en una realidad propia, ni siquiera de Dios), una belleza natural, que está en las cosas y no depende de la actividad humana, y, por fu una belleza de origen humano, relativa en su eficacia y ligada a las modas y a las instituciones.

La belleza se manifiesta a los hombres en forma inteligible, según el alma, y en forma sensible, según los cuer­pos: en la primera forma revela la altura de sus concepciones y en la segunda, el es­plendor de sus aspectos. Todas las artes tienden a una concepción de lo sublime que se manifiesta según el progreso del gusto: sobre todo hay que considerar en la belleza el valor del orden y de la simetría, de modo que se alcance siempre un efecto armónico. En esta exigencia está el fundamento intelectualista de la estética del padre André, que afirma la naturaleza de lo bello en la conveniencia de las partes y se refiere al ejemplo de San Agustín y a la concep­ción cristiana (y sutilmente platónica) del arte que es iluminación de lo verdadero y guía hacia la moral.

Algunas partes de la obra sobre la belleza moral, sobre la be­lleza en las costumbres, en la música, en las gracias del cuerpo y del espíritu, mues­tran los puntos de vista desde los cuales, en el siglo XVIII, podía considerarse un problema que no quedaba únicamente cir­cunscrito al estudio de la poesía y de la literatura. No hay que descuidar el funda­mento cartesiano de André, que trata de aclarar en todos sus motivos las actitudes de la vida y del pensamiento, y quiere al­canzar racionalmente una base de compren­sión a través de diversas manifestaciones. La obra es digna de atención; sobre todo porque es el primer tratado de estética pro­piamente dicho aparecido en Francia.

C. Cordié