[Saggio su Hegel]. Obra aparecida en 1907 con el título Lo vivo y lo muerto en la filosofía de Hegel, reeditada en la segunda edición con el nuevo título (1913). El autor se propone examinar los nuevos aspectos de verdad revelados por Hegel y los límites de su especulación. El estudio del problema de los opuestos constituye el punto fundamental de dicho sistema y, al mismo tiempo, el núcleo fecundo de verdad que el pensamiento especulativo habrá de desarrollar. La mente humana se ha ocupado siempre del problema de los opuestos: las soluciones monistas han afirmado sucesivamente como real a uno u otro de los dos términos, y declarado ilusorio a su contrario; los sistemas dualistas, en cambio, han defendido la existencia de ambos. Pero los opuestos no son ilusiones ni es ilusión la unidad: la cual, si es verdadera y concreta, no es coincidencia (que sería inmovilidad y anulación), sino síntesis de opuestos, es decir movimiento, desarrollo. La unidad no tiene, pues, frente a sí a la oposición, sino que la tiene en sí.
La teoría lógica que capta la realidad como desarrollo es la dialéctica, la cual consta de tres términos: tesis, antítesis y síntesis. Tríada fundamental que comprende en sí a todas las demás: ser, nada y devenir. En el devenir encontramos, pues, el primer concepto concreto. La antítesis del ser y del no ser es un dualismo basado en la oposición real: si no existiese el término negativo, no existiría el desarrollo. La vida es lucha incesante contra el momento de la negación, es drama; bien y mal son términos opuestos y correlativos; la síntesis dialéctica los niega a ambos y los conserva. Toda la realidad es desarrollo, historia: el espíritu no es nada fuera de su desarrollo •histórico. Esta verdad, ya poderosamente intuida por Vico, ha quedado, gracias a Hegel, definitivamente conquistada para el pensamiento moderno. Pero en la confusión entre la categoría lógica de la oposición y la categoría lógica de la distinción radica el primer grave error de Hegel.
El concepto filosófico, lo universal concreto o Idea, es, al mismo tiempo, síntesis de opuestos y síntesis de distintos: pero no es posible reducir el nexo que liga entre sí a los momentos de la distinción, a la sencilla relación de oposición. En la unidad del espíritu distinguimos la esfera de la actividad teorética de la de la actividad práctica y hablamos de fantasía y de inteligencia, de derecho y de moralidad; cada distinto, o forma, o grado, conserva, incluso en la relación con los demás distintos, cierta autonomía: la actividad artística y lógica, económica y ética son los grados a través de los cuales se desarrolla la unidad del espíritu. Pero a diferencia de los opuestos, que fuera de la síntesis son meras abstracciones, cada forma distinta es concreta y real. La dialéctica de lo diverso tiene un proceso distinto a la de los opuestos: pues los grados, considerados en su distinción, son el concepto del espíritu en sus determinaciones y no el concepto universal en su íntima constitución de síntesis de los opuestos. El error lógico de Hegel consiste, pues, en haber concebido según la dialéctica de los opuestos el nexo de lo diverso y haber creído captar su relación aplicando la forma triádica. El no haber comprendido la autonomía y concreción de los momentos espirituales impidió a Hegel comprender la autonomía de la historia.
Planteó la idea de una filosofía de la historia entendida como «contemplación pensante de la historia» y así cayó en un dualismo de concepto y de hecho, de racionalidad fuera de la realidad y de realidad fuera de la racionalidad. La misma posición hallamos en su filosofía de la naturaleza, la cual, entendida fuera de la investigación naturalista, es una ciencia abstractamente vacía. Este es el segundo gran abuso que hizo Hegel de su descubrimiento lógico: después de haber confundido la dialéctica de los opuestos con la de lo diverso, confundió la dialéctica de lo absoluto con la de lo contingente. Este segundo abuso es ya conocido y ha contribuido más que otra cosa a desacreditar la filosofía hegeliana. Pero refutar en bloque dicha filosofía ha sido la causa de la pobreza y vacuidad en que cayeron, en la segunda mitad del siglo XIX, los estudios filosóficos: la conciencia moderna no puede ni aceptar todo Hegel, ni rechazarlo por entero.
E. Codignola

