Ensayo sobre la Educación Nacional, Louis-René de Caradeuc

[Essai de l’éducation nationale].Es un en­sayo de política educativa y de didáctica escolar conforme a las ideas que los pen­sadores y hombres políticos iban difundien­do como patrimonio espiritual de las nuevas generaciones en la época de la Ilustración y de las reformas políticas. De pequeño tamaño, pero de gran importancia pedagó­gica, el Ensayo gustó mucho a Voltaire, que vio en él un arma terrible contra la invasión de las órdenes religiosas, especial­mente los jesuítas, en las escuelas; La Chalotais quería que fuesen pocas y bajo la fiscalización directa del Estado, sustraí­das a cualquier influencia confesional, con maestros laicos y ordenanzas civiles. El Ensayo no trata sólo de renovar la política escolar, sino que propugna además una re­forma de los programas y de los métodos de las escuelas de su época, dirigidas prin­cipalmente por órdenes religiosas. Combate la uniformidad de los programas y quiere una escuela adaptada a la vida y sus exi­gencias diversas y múltiples, de modo que cada individuo encuentre en la escuela el ambiente favorable al desarrollo de su ca­pacidad profesional, con el fin de que cada cual pueda cumplir provechosamente su función social. En cuanto a los métodos sigue la línea de pensamiento de los fun­dadores de la pedagogía científica, desde Comenius hasta Locke, y busca también en la naturaleza «que es la mejor maestra», el principio y el fundamento de la acción di­dáctica.

El camino de la didáctica va del objeto a la idea, del hecho a la definición abstracta. Queda, pues, desterrado todo mé­todo que empiece con ideas abstractas. «No quiero enseñar a los niños, más que hechos, de los que los ojos son testigos tanto a los siete años como a los treinta». En cuanto al ordenamiento escolar, La Chalotais pro­pone un plan de estudios que se desarrolla desde los seis hasta los diecisiete años, di­vidido en dos períodos. El primero, de los seis a los diez años, corresponde a la actual enseñanza elemental, y abraza la educa­ción de los sentidos y de la memoria. El alumno aprenderá primero a leer, escribir y dibujar, y después emprenderá el estudio de la historia, de la geografía, de la historia natural y de los rudimentos de matemá­ticas. En dicho plan de estudios se mues­tra más equilibrado y luminoso que Rous­seau, que despreciaba la enseñanza de la historia y confiaba en la «educación negati­va», o sea que se entregaba al optimismo ingenuo que consiste en dejar hacer a la naturaleza, descuidando la obra de los si­glos y la tradición viva de la cultura hu­mana. Introduciendo la enseñanza de las matemáticas en la escuela elemental, La Chalotais venció los escrúpulos de quienes querían retrasar dicha disciplina y anun­ció los ordenamientos modernos que inclu­yen no sólo la aritmética, sino también la geometría, entre los elementos de la escue­la primaria.

Justamente observa el autor que es más fácil concebir «las ideas claras de los cuerpos, de la línea, de los ángulos que hieren a los ojos, que las ideas abstrac­tas del verbo, de las declinaciones, de las conjugaciones, de un acusativo, de un abla­tivo, de un subjuntivo, de un infinitivo, etc.». El segundo período de estudios va de los diez a los diecisiete años y está consti­tuido por la instrucción clásica que corres­ponde a nuestras escuelas secundarias. La Chalotais advierte la importancia de las lenguas vivas junto a las lenguas clásicas e introduce, en el tradicional plan de estu­dios, dos lenguas, el inglés y el alemán, importantes respectivamente para la cien­cia y para la guerra. Además, con intuición feliz, prevé las modernas discusiones peda­gógicas sobre la utilidad de la composición escrita en idioma nacional y denuncia la vanidad y falta de sinceridad de composi­ciones sobre temas obligados y abstractos, planteados en el aire y sacados de las fra­ses de los escritores, y propone que sean sustituidas por narraciones de las experien­cias propias o, en todo caso, de temas que reflejen el mundo espiritual de los alum­nos. El Ensayo de La Chalotais es una notable contribución al movimiento que ha llevado a la formación de la conciencia pedagógica moderna, para la cual la edu­cación no es solamente la finalidad más alta del individuo, sino que tiene también una importantísima función social que con­siste en promover la libre formación espi­ritual del hombre.

M. Maresca