[Essai de l’éducation nationale].Es un ensayo de política educativa y de didáctica escolar conforme a las ideas que los pensadores y hombres políticos iban difundiendo como patrimonio espiritual de las nuevas generaciones en la época de la Ilustración y de las reformas políticas. De pequeño tamaño, pero de gran importancia pedagógica, el Ensayo gustó mucho a Voltaire, que vio en él un arma terrible contra la invasión de las órdenes religiosas, especialmente los jesuítas, en las escuelas; La Chalotais quería que fuesen pocas y bajo la fiscalización directa del Estado, sustraídas a cualquier influencia confesional, con maestros laicos y ordenanzas civiles. El Ensayo no trata sólo de renovar la política escolar, sino que propugna además una reforma de los programas y de los métodos de las escuelas de su época, dirigidas principalmente por órdenes religiosas. Combate la uniformidad de los programas y quiere una escuela adaptada a la vida y sus exigencias diversas y múltiples, de modo que cada individuo encuentre en la escuela el ambiente favorable al desarrollo de su capacidad profesional, con el fin de que cada cual pueda cumplir provechosamente su función social. En cuanto a los métodos sigue la línea de pensamiento de los fundadores de la pedagogía científica, desde Comenius hasta Locke, y busca también en la naturaleza «que es la mejor maestra», el principio y el fundamento de la acción didáctica.
El camino de la didáctica va del objeto a la idea, del hecho a la definición abstracta. Queda, pues, desterrado todo método que empiece con ideas abstractas. «No quiero enseñar a los niños, más que hechos, de los que los ojos son testigos tanto a los siete años como a los treinta». En cuanto al ordenamiento escolar, La Chalotais propone un plan de estudios que se desarrolla desde los seis hasta los diecisiete años, dividido en dos períodos. El primero, de los seis a los diez años, corresponde a la actual enseñanza elemental, y abraza la educación de los sentidos y de la memoria. El alumno aprenderá primero a leer, escribir y dibujar, y después emprenderá el estudio de la historia, de la geografía, de la historia natural y de los rudimentos de matemáticas. En dicho plan de estudios se muestra más equilibrado y luminoso que Rousseau, que despreciaba la enseñanza de la historia y confiaba en la «educación negativa», o sea que se entregaba al optimismo ingenuo que consiste en dejar hacer a la naturaleza, descuidando la obra de los siglos y la tradición viva de la cultura humana. Introduciendo la enseñanza de las matemáticas en la escuela elemental, La Chalotais venció los escrúpulos de quienes querían retrasar dicha disciplina y anunció los ordenamientos modernos que incluyen no sólo la aritmética, sino también la geometría, entre los elementos de la escuela primaria.
Justamente observa el autor que es más fácil concebir «las ideas claras de los cuerpos, de la línea, de los ángulos que hieren a los ojos, que las ideas abstractas del verbo, de las declinaciones, de las conjugaciones, de un acusativo, de un ablativo, de un subjuntivo, de un infinitivo, etc.». El segundo período de estudios va de los diez a los diecisiete años y está constituido por la instrucción clásica que corresponde a nuestras escuelas secundarias. La Chalotais advierte la importancia de las lenguas vivas junto a las lenguas clásicas e introduce, en el tradicional plan de estudios, dos lenguas, el inglés y el alemán, importantes respectivamente para la ciencia y para la guerra. Además, con intuición feliz, prevé las modernas discusiones pedagógicas sobre la utilidad de la composición escrita en idioma nacional y denuncia la vanidad y falta de sinceridad de composiciones sobre temas obligados y abstractos, planteados en el aire y sacados de las frases de los escritores, y propone que sean sustituidas por narraciones de las experiencias propias o, en todo caso, de temas que reflejen el mundo espiritual de los alumnos. El Ensayo de La Chalotais es una notable contribución al movimiento que ha llevado a la formación de la conciencia pedagógica moderna, para la cual la educación no es solamente la finalidad más alta del individuo, sino que tiene también una importantísima función social que consiste en promover la libre formación espiritual del hombre.
M. Maresca

