[Essai sur le despotisme]. Es una obra juvenil de Mirabeau, redactada rápidamente —según confiesa— «sin plan, sin orden, más como una profesión de fe del ciudadano que como obra literaria», un paréntesis de meditación entre las tempestuosas aventuras del autor de las Cartas a Sofía (v.). Fue publicada en Neuchátel en 1775. Después de exponer, siguiendo las huellas de Rousseau, una concepción de la naturaleza humana que, basándose en el respeto a la primitiva bondad, ve aumentada su sana eficiencia con el progreso de una sociedad de órdenes libres, el futuro propugnador de la monarquía constitucional en la Asamblea Nacional del año 89, indica en dicha naturaleza humana, entre las pasiones más difundidas, el ansia de dominio; de ella surge la hidra del despotismo, que toda sociedad iluminada por sanos principios ha de aplastar al nacer, educando a los hombres en el respeto recíproco y el desprecio a la servidumbre. Con sencilla argumentación, animada por acentos de cálida pasión, se dibuja el concepto de libertad sobre la base todavía «ilustrada» de los derechos naturales.
Pero el contraste ideal entre libertad y despotismo, agudizado por la realidad dolorosa del Estado francés, repite los motivos clásicos del anti cesarismo de Tácito y se resuelve en el énfasis oratorio propio de la época, donde se halla ya el nervio del futuro tribuno. Es notable y fecunda, en cambio, siguiendo las normas de Montesquieu, la resplandeciente concepción de un orden libre y consciente, igualmente libre de la sumisión y de la anarquía, donde la institución monárquica, sin ser instrumento de opresión, sino garantía de justicia, comparte con los representantes de la nación los cuidados del gobierno. Éste es, en germen, todo el programa político de Mirabeau, su grande y desesperada batalla.
L. Rodelli
Un espíritu a lo Montesquieu… que se envolvía en una elocuencia a lo Rousseau. (Lanson)

