Elementos de Arquitectura Lodoliana, o sea el arte de fabricar con solidez científica y con elegancia no caprichosa, Andrea Memmo

[Elementi dell’Architettura Lodoliana ossia l’arte del fabbricare con soliditá scientifica e con eleganza non capricciosa]. Obra no muy conocida de (1729-1793), patricio y hombre político ve­neciano. No se trata de una composición original, sino de una exposición apologé­tica y, a veces, polémica de la doctrina arquitectónica del Padre Cario, Francesco Lodoli da Venezia (1690-1761), del que Memmo fue fiel discípulo. La doctrina lodoliana anticipa un conjunto de principios sobre la arquitectura que pueden considerarse absolutamente modernos; se funda en la idea de que, en arquitectura, todo cuan­to está «en representación» debe también estar «en función», siendo el edificio, pre­cisamente, la representación de su función; por eso las necesidades humanas de un lado, la naturaleza de los materiales y la exigencia de las estructuras por otro, de­ben condicionar la fábrica.

Lodoli, incli­nado a la polémica paradójica y brillante, establece sobre la base de su racionalismo, de origen cartesiano, una crítica cerrada de Vitruvio, Palladio y toda la arquitec­tura clásica. Se le escapan, naturalmen­te, por una parte los caracteres «fun­cionales» de la mejor arquitectura clásica, por otra las necesidades líricas y «represen­tativas» de cualquier arquitectura Tiueva. De todos modos, la visión lodoliana, surgida sobre todo contra el exterior pictórico roco­có, presenta en su pasional intransigencia una vitalidad y una fecundidad que el tiem­po se ha encargado más tarde de valorar.

Esta parte de la doctrina lodoliana, divulgada también por Algarotti (v. Ensayo sobre arquitectura) e inesperadamente convertida por Milizia en justificación de su neocla­sicismo teórico (v. Principios de arquitec­tura civil), debe ser considerada como la más lejana e inequívoca raíz de la actual doctrina del funcionalismo arquitectónico. De la obra de Memmo se publicó en Roma, en 1786, el primer volumen; la obra com­pleta, en dos volúmenes, no apareció por primera vez hasta que en 1834 se imprimió en Zara.

A. Pica