El Estado Jurídico, Rudolph von Gneist

[Der Rechtsstaat]. Tratado jurídico del alemán publicado en 1871 y reimpreso en 1879 en segunda edición aumentada y corregida.

Cronológicamente anterior a las de Mohl, de Stein, de Báhr, etcétera, la obra constituye una revisión original de los principios básicos de la orientación científica en la que se inspiró, y aporta una notabilísima contribución a la solución del problema social. Gneist ob­serva que la principal tarea que se impone al que quiere considerar el problema de la justicia administrativa, es la de deter­minar las relaciones entre el Estado y la sociedad. Pues «si bien el individuo puede ser justo y benévolo con su semejante, una clase en lucha con las otras no lo será nunca».

A tal fin no es suficiente que el Estado tenga una constitución: sirva de prueba el caso de Francia, donde la lucha de los partidos pone al Estado a merced del partido vencedor, y donde por tanto no se puede hablar de «estado jurídico». El estado jurídico perfecto está en el sis­tema del «Selfgovernement», que no se debe concebir como simple autonomía ad­ministrativa, sino en el sentido bastante más real y profundo de observancia libre y espontánea de las leyes y las institucio­nes estatales. En dicho sistema el Estado es verdaderamente jurídico, porque al margen y por encima de las pasiones de partido, es regulador desinteresado de las contro­versias sociales. Al ciudadano no interesa tanto la deliberación, cuanto la ejecución de la ley.

Cuando un Estado aplica la ley con severidad, pero con justicia, adquiere confianza y aprecio entre los ciudadanos, los cuales se convierten en sus mejores colaboradores. En esta disciplina de las fuerzas sociales, en que la conciencia de una buena ley elimina los odios de partido y transforma las luchas entre partidos en colaboración política, está precisamente la juridicidad del Estado y la justicia en su administración. Esta es la esencia de la obra, cuya importancia radica, no en la exaltación que hace del sistema político británico (que no puede ser tomado como modelo universal), sino en la nueva con­sideración metodológica del problema del Estado, en el sentido de que éste no es sólo un sistema de normas y de institu­ciones, sino que antes y sobre todo es un sistema social.

El concepto de «clase» ad­quiere también valor jurídico, aunque el autor no haya llegado a las últimas conse­cuencias, esto es, a la absorción de la clase en el Estado, en virtud de la cual la pri­mera viene a proyectarse como entidad jurídica y, por lo mismo, como factor cons­titutivo del segundo. Puede decirse que ésta será precisamente la obra doctrinal del siglo XX.

A. Repaci