El Concepto Humano del Mundo, Richard Avenarius

[Der menschliche Weltbegriff]. En esta obra, que fue publicada en 1891, el filósofo ale­mán Richard Avenarius (1843-1896) explica una nueva doctrina filosófica, fuertemente influida por las ciencias positivas y, sobre todo, por la fisiología: el llamado empiriocriticismo. Avenarius es contrario a toda fi­losofía en que se admita que las tendencias de carácter sentimental puedan influir en el pensamiento humano; él afirma por el con­trario que es necesario procurar eliminar de nuestro conocimiento todos los elementos de orden metafísico, y que de este modo se alcanza la pura experiencia. Por esto su filosofía pretende ser ciencia pura, Avena­rius niega la existencia de una diferencia entre lo físico y lo psíquico como suele ser concebida: supone, en cambio, que la rea­lidad se encuentra más allá de esa diferen­cia. El individuo y el mundo ambiente no se distinguen específicamente, sino que per­tenecen a la misma experiencia («coordina­ción principal»). Entre individuo y mundo ambiente existen relaciones de dependencia que Avenarius examina cuidadosamente y define en términos nuevos; el ambiente es indicado con R, el sistema nervioso del in­dividuo con C, el alimento absorbido con S; análogamente se habla de valores-R, valores-C, y así sucesivamente.

C (el sistema nervioso) está expuesto a variaciones de do­ble manera: por un lado por medio de los estímulos, del ambiente R, y por otro por medio de la absorción del alimento S. Am­biente y alimento absorbido actúan sin cesar uno contra otro. Si las variaciones causadas por obra de R y S, son iguales, su diferen­cia — llamada diferencia vital — es igual a cero: en este caso, C permanece en estado de reposo. Si, por el contrario, una de las variaciones es mayor que la otra, se pro­duce una reacción que regula espontánea­mente el daño experimentado. En tal reac­ción hay un proceso vital que Avenarius lla­ma «orden vital independiente». Además de R, S y C, hay otro factor, igualmente importante, y precisamente el factor E, esto es, el «contenido del predicado» en que está comprendida también la «experiencia» y aná­logamente existen los valores-E. Éstos de­penden directamente del sistema nervioso y, en cuanto son experiencias puras, tam­bién de R (ambiente). Estos «dependientes», los valores-E, se presentan como «elemen­tos» o bien como «caracteres». Por «elemen­tos» el autor entiende los que se suelen llamar contenidos de sensación; por «ca­rácter», en cambio, el placer, el disgusto, el afecto, el odio, etc. También la percepción y la representación son caracteres, y preci­samente «caracteres potenciales». La coor­dinación de los «dependientes» constituye «el orden vital dependiente» (esto es, depen­diente de las oscilaciones a que el sistema nervioso C está sujeto). De esto resulta que predicados como existente, semejante, repre­sentado, etc., no tienen ya ningún signifi­cado objetivo-lógico en el sentido usual, sino que son solamente «caracteres» que de­penden del curso de los acontecimientos bio­lógicos (extrema tendencia biológica de la filosofía de Avenarius).

En la base de esta concepción, el mundo verdaderamente exis­tente del cual ha partido el filósofo, se en­cuentra más allá de las distinciones entre «físico» y «psíquico»; ambos no son más que «caracteres» que se forman por causa de re­laciones biológicas de dependencia, y sólo por esto. Lo mismo, como se ve, debería valer para todos los demás caracteres: ser, no ser, idéntico, no idéntico, etc. (Éste es uno de los puntos menos sostenibles del empiriocriticismo). Según Avenarius, existe en los sistemas nerviosos, esto es, en los hombres, una tendencia a eliminar, en el curso del desarrollo histórico del concepto del mundo, todo lo que no es experiencia pura, sino añadidura no empírica. Al final de este desarrollo está el concepto natural del mundo, de carácter puramente descriptivo. Todas las demás interpretaciones del mundo son deformaciones o variaciones de este con­cepto natural; la más importante entre ellas y cargada de consecuencias es la «introduc­ción»: el hombre (M) pone, sin quererlo en el prójimo (T) percepciones, ideas, senti­mientos, voluntades, sentimientos que son propios de él. Por medio de la «introyección» se rompe la unidad natural del mundo empí­rico en un mundo exterior y un mundo in­terior, en objeto y sujeto: de esta manera se forman los conceptos; alma, espíritu, in­mortalidad. Entre «físico» y «psíquico» existe en cambio una mera relación lógica funcio­nal, pero no existe ninguna acción mutua, ni siquiera un paralelismo principal. La fi­losofía es definida por Avenarius como es­tudio de la experiencia en cuanto depen­diente del sistema nervioso. Independiente­mente de Avenarius, el filósofo Ernst Mach ha desarrollado en muchas obras el mismo concepto empiriocrítico, que sólo varía en algunos puntos del de Avenarius.

A. Feldstein