[Exercitationes paradoxicae adver sus Aristotelem]. Obra filosófica en latín publicada en 1624. Es una obra bastante notable en la polémica contra el abstractismo intelectualista, porque trata de inaugurar, en la propia discusión de los principios, un eclecticismo de naturaleza sensista. Combatiendo la vacuidad de la dialéctica formal, Gassendi ataca violentamente a los aristotélicos, acusándoles de ser verdaderos sofistas porque sostienen discusiones bizantinas y no ven la verdadera e inmediata realidad de las cosas. Son culpables de no examinar la naturaleza, desconociendo por completo la obra de Dios, que, al dar a la realidad algunas de sus leyes fundamentales, quiso que fueran conocidas por los sentidos, según lo pide la naturaleza misma de las cosas.
Tratando de hacer razonamientos tanto más abstractos cuanto más inciertos y malsanos, los filósofos terminan escribiendo defectuosamente sin hacerse entender nunca; del pensamiento del antiguo maestro, ellos han hecho «mera filología», repitiendo fórmulas. Hay que aborrecerles, porque multiplican los errores del saber, en lugar de conocer la verdad que se trasluce en el contacto mismo con las cosas y sus leyes. Por otra parte, el perseverar en el error impide a los aristotélicos darse cuenta de los fallos del propio fundador de su doctrina. Aristóteles ha errado particularmente en lo tocante a la física; dadas las contradicciones de su sistema, habría que rehacer totalmente las bases de su filosofía; basta examinar de cerca sus categorías y la propia naturaleza del silogismo, para notar la vacuidad de todo el sistema. Pero si Aristóteles, puesto en contacto con la nueva ciencia, habría podido, gracias a su genio, comprender la necesidad de una reelaboración orgánica de todo su sistema, los aristotélicos no son más que escolares faltos de inteligencia, y pierden el tiempo en vanas discusiones de método contra toda forma de sensismo.
La polémica de Gassendi (a la que, en el manuscrito original, seguía una parte sobre la inmovilidad del sol y sobre la infinidad de los mundos) es no able porque se une a la de Galileo contra los aristotélicos, capaces de negar los descubrimientos más evidentes de la nueva filosofía de la naturaleza, y, por otra parte, es notable también porque lleva a las consecuencias extremas las premisas de un sen- sismo que niega toda forma abstracta y arbitraria. El instrumento del conocer no nos lo da el silogismo, sino los continuos descubrimientos de la realidad y de sus leyes naturales.
C. Cordie

