Edicto de Rotario

Legislación longo- barda, publicada en latín, en Pavía, el año 643. Aunque debió ser común a longobardos y romanos, fue sometida a la aprobación de la asamblea compuesta por los nobles y el ejército, o sea por los longobardos única­mente, tratando a los romanos como a ven­cidos. A diferencia de las precedentes le­gislaciones bárbaras, fruto de compilaciones de fuentes romanas o bárbaras, este Edicto tiene un carácter original, por lo menos en cuanto a la forma, ya que resume, en forma sistemática y escrita, el puro dere­cho germánico. La influencia romana, con todo, no falta totalmente: la estructura sis­temática, la enunciación de principios gene­rales, la definición de las instituciones son elementos que hallan su causa en la refina­dísima conciencia jurídica romana; pero en esta ley encontramos, casi en estado de pu­reza, las instituciones más características del derecho germánico.

Los capítulos 1 a 152 tratan casi exclusivamente de derecho penal. Se establece la pena de muerte para quien atente contra la vida del rey, para los traidores a la patria, y los cobardes que huyan ante el enemigo, pero también contra quien roba la esposa de otro, la mujer que se prostituye con consentimiento de su ma­rido o la que atenta contra la vida de éste. En relación con las penas privadas, encon­tramos las típicas instituciones del «guitrigildo» o de la «composición» introducidas para temperar la barbarie de la justicia privada y que consistían en la conversión a una pena pecuniaria correspondiente del castigo, respectivamente, del homicidio y de las lesiones. Si el ofensor no pagaba, re­cobraba su vigencia la venganza primitiva. Los capítulos 152-226 se refieren al derecho de familia y sucesorio.

En el derecho fami­liar se encuentra la típica institución ger­mánica del «mundio» (poder señorial sobre la mujer) juntamente con disposiciones completamente distintas de carácter civil y penal: «Si puella sponsata leprosa apparuerit» (180), «De fomicationis causa» (189), «De raptu sponsatae alterius» (191), «De crimen in puella iniecto» (195), «Si vidua in domo patris regressa fuerit» (144) etc. Los capítulos 227-366 se refieren al derecho pa­trimonial en general: propiedad, obligacio­nes, actos, delitos contra el patrimonio, et­cétera. También aquí se encuentra, más que en ninguna otra parte, una casuística des­ordenada en la que se pasa de la venta de bienes ajenos (229), de una sierva (231), o de un caballo (232), al documento falso (243), al hurto (253 y siguientes), al siervo fugitivo (273), etc. Las disposiciones si­guientes tratan de materias variadas sin relación entre sí. Así encontramos regulada la situación del «waregang» o sea el pere­grino que ha entrado en los límites del reino (367), el caso del campeón desleal (368), el caso de la rotura del brazo o de la tibia a un hombre libre (384) etc.

En su rareza y elementaridad, ese documento le­gislativo representa un notable progreso respecto a los precedentes, no sólo por ra­zones de técnica jurídica, sino por un mo­tivo histórico de primer plano. En efecto, aunque el elemento romano está considerado como de segundo orden, por primera vez recibe un tratamiento jurídico análogo al del pueblo invasor y vencedor. En ello se tiene uno de los síntomas más sensibles de la obra de asimilación desarrollada por el Cristianismo en la formación de la nueva civilización europea. Si en el Edicto la in­fluencia de la Iglesia fue más que nada indi­recta, en los apéndices (previstos y autori­zados por el propio Rotario al pie del mis­mo Edicto) se manifestó, con eficacia cada vez mayor, mediante la introducción tam­bién cada vez mayor de instituciones ro­manas, preparando así y contribuyendo a formar el derecho común que con justicia se considera como la más brillante e impe­recedera gloria de la Edad Media.

A. Repaci