Duración y simultaneidad, a propósito de la teoría de Einstein, Henri-Louis Bergson

[Durée et simultanéité, a propos de la théorie d’Einstein]. Obra del filósofo francés publicada en 1922. En esta obra Bergson expone de nuevo su teo­ría de la duración, teoría que es fundamen­tal para el conocimiento de todo su pensa­miento, puesto que después de ésta, y gra­cias a ella, se desarrolló su teoría de la intuición. Durée et simultanéité está, pues, íntimamente ligada al Ensayo sobre los da­tos inmediatos de la conciencia (v.), la tesis de doctorado de Bergson, quien la tomó como punto de partida para sus sucesivas elaboraciones.

Bergson pone de relieve que para la física y la matemática la duración de un fenómeno es algo relativo ya que se reduce a un número determinado de uni­dades de tiempo o de simultaneidades que son invariables; por lo cual, si todos los movimientos del universo (comprendido el que sirve para la medida del tiempo) se acelerasen de improviso en la misma pro­porción, para la ciencia nada cambiaría por­que para ésta existiría siempre el mismo número de simultaneidades. En cambio la vida de la conciencia coincide con un cam­bio efectivo puesto que sus momentos no se yuxtaponen uno a otro sino que se funden y se compenetran en un todo orgánico, en una unidad que es un absoluto devenir, pe­renne enriquecimiento cualitativo, proceso continuo, «duración real», es decir, tal que implica una sucesión irreversible que se sustrae a toda previsión del mismo modo que a toda determinación causal.

El tiempo de las ciencias fisicomatemáticas, el tiem­po homogéneo, no es tiempo alguno, sino un equivalente suyo, una traducción a tér­minos de espacialidad, y por lo tanto sus­ceptible de cálculo y previsión. En Durée et simultanéité Bergson quiere precisar si su concepto de la duración puede ajustarse a la teoría de la relatividad de Einstein, comparando el concepto común de un tiempo universal único con el einsteniano de los tiempos múltiples. Según Bergson este últi­mo fortalece su teoría de la duración, por­que demuestra la necesidad de evitar el uso del espacio para medir y simbolizar el tiempo, y confirma, a pesar de su aspec­to paradójico, la creencia natural de los hombres en un tiempo único y universal.

La confusión no proviene de Einstein ni de su física, sino más bien de aquellos que han querido convertir esta física en filo­sofía. Al tiempo del sentido común, que puede ser siempre convertido en duración psicológica, la teoría de la relatividad opo­ne un tiempo que puede ser convertido en duración psicológica tan sólo en el caso de inmovilidad del sistema: en los demás casos el tiempo no es más que una línea elástica de luz que, alargándose o contrayéndose según la velocidad atribuida al sistema, pro­duce, contemporáneamente unos de otros, los tiempos múltiples, en los cuales la si­multaneidad y sucesión no son más que ca­sos de igualdad o desigualdad entre líneas de luz, cuya recíproca relación cambia se­gún el estado de reposo o de movimiento del sistema.

G. Bertin