Dogmática filosófica, Christian Hermann Weisse

Philosophische Dogmatik oder Philosophie des Christentums]. Publicada en Leipzig en tres vo­lúmenes del 1855 al 1862 por el filósofo ale­mán (1801-1866), en la que expone sistemáticamente su teo­ría filosóficoteológica. La crítica que en sus obras juveniles: Sobre la situación actual de la ciencia filosófica [Ueber den gegenstandigen Standpunkt der philosophischen Wissenschaft, 1829]; Sobre las relaciones del público con la filosofía lUeber das Verh’dltniss des Publikums z. Philosophie in dem Zeitppunke von Hegels Abscheide, 1832], Weisse había hecho de la filosofía hegeliana, tiene no pocas relaciones con el pensa­miento de Schelling en sus últimos tiempos. En ella acepta el panlogismo dialéctico de Hegel como definición del sistema de cate­gorías/lógicas que constituye la estructura de posibilidad de lo real. ero lo real tiene en sí mismo un principio que no es la pura ley de la razón, un principio de espontanei­dad, de creatividad, de absoluta energía, que sólo da cuenta de la existencia, de su de­senvolvimiento, de su drama, de su solu­ción ideal. Este principio como ya Weisse había sostenido en su escrito La idea de la divinidad [Die Idee der Gottheit, 1833], y al que ahora vuelve con más fuerza en su obra mayor, es Dios como personalidad, transcendente del mundo, fuente de crea­ción, acto absoluto de libertad. La existen­cia de Dios puede demostrarse con las tres pruebas clásicas.

Pero la prueba ontológica se limita a demostrar como verdad necesa­ria «que originariamente sólo Dios es posi­ble y que en su posibilidad está implícita la posibilidad de todas las cosas». La prueba cosmológica lleva por su parte a la realidad de Dios, como principio de toda reali­dad; mientras que la prueba teleológica, que del orden del mundo se remonta a su princi­pio, nos muestra a Dios según su naturaleza de personalidad pensante. Pero aunque estas pruebas racionales realicen la idea de Dios, no nos llevan a su presencia, no pueden sustituirse por la experiencia religiosa que a la humanidad viene de la revelación, reali­zada en el desenvolvimiento histórico de las religiones positivas y culminando en la re­velación cristiana. El primero es un mero saber objetivo de Dios según una idea abs­tracta y la segunda es una participación de Dios mismo, cuya realidad se despliega ante el hombre como la verdad del drama de su vida.

La idea de la filosofía tiene, pues, su complemento en la religión cristiana. Dios, como persona, es la razón en acto — el Pa­dre—, y de esta razón dependen sus atri­butos metafísicos: unidad, simplicidad, in­mutabilidad, infinitud, omnipresencia, eter­nidad, omnipotencia, omnisciencia; es sen­timiento — el Hijo— y de él se derivan los atributos estéticos: beatitud, dominación, sa­biduría; es, por fin, querer absoluto —el Espíritu — -y de él se derivan los atributos éticos: bondad, santidad y justicia. La crea­ción se origina por la fuerza expansiva de participación del amor divino, y su fin úl­timo es «la dicha de las criaturas persona­les». El proceso del mundo, donde la crea­ción se determina según las leyes del nú­mero, del espacio y del tiempo, es la lucha de la energía divina contra la sustancia mundana que se ha hecho independiente, hasta la victoria de aquélla con la afirma­ción del reino de Dios.

Esta lucha se ex­presa en la estructura interna teleológica del universo, desde el reino inorgánico al reino orgánico y al hombre, cuya alma es la forma de creación más alta; imagen de la personalidad divina. El progreso de la hu­manidad coincide con el desenvolvimiento de la religión, que es la participación direc­ta de lo divino en la humanidad. Esta par­ticipación se cumple en la revelación cris­tiana, en la experiencia de la vida y de la persona de Jesús. Weise busca en este punto una interpretación especulativa de los dogmas cristianos y cierra su visión en un sentido escatológico con el anuncio de la destrucción del mundo y de una palinge­nesia.

Las fuerzas creadoras, mortificadas ahora por los vínculos materiales, obtendrán su libertad; las almas de los que han lucha­do por el bien crearán para sí mismas nueva e inmortal corporeidad: surgirá el mundo de Dios en el mundo redimido, en tanto que las otras almas, encerradas en un sueño de muerte, dejarán que se disuelva poco a poco el principio de su existencia. La obra de Weisse, que corresponde a la corriente post- hegeliana del teísmo especulativo, como la de Fichte y también la de Ulrici, es la últi­ma gran tentativa de una interpretación fi­losófica en sentido idealista de ]a filosofía cristiana; su valor reside para nosotros, no tanto en eso, cuanto en la crítica del panlo­gismo hegeliano, renovada en nuestros días, y en apelar, concordando en esto con Sche­lling, a los problemas existencialistas y es­pecialmente el de la persona.

A. Banfi