Doctrina de la ciencia, Bernhard Bolzano

[Wissens- shaftslehre. Versuch einer ausführlichen und grosstentheils neuen Darstellung der Logik mit steter Rücksicht auf deren bisherige Bearbeiter]. Obra del filósofo bohe­mio (1781-1848), publica­da en Sulzbach en 1837, en cuatro volúme­nes. Por «Doctrina de la Ciencia» el autor entiende la lógica formal: la ciencia es un conjunto de verdades que hay que exponer en un libro, y la doctrina de la ciencia es por lo tanto el conjunto de las reglas para dividir la verdad en zonas, el arte de encontrar la verdad de los dominios y la de disponer las verdades según sus rela­ciones.

La «Doctrina de la Ciencia» es un arte o técnica, pero también la técnica es ciencia, cuyo contenido consiste en normas para nuestro comportamiento. La concep­ción, a pesar de su rareza, es muy impor­tante; frente a la orientación subjetivista, por ejemplo, de la obra homónima de Fichte, la lógica es considerada aquí bajo el punto de vista estrictamente objetivo, como teoría del orden de las «verdades en sí»; la qué es independiente de ser pensada o no, y de los actos psicológicos en los que es pensada; en suma, el «contenido» ideal de los actos de pensamiento, el «pensado», no como «cosa» a la que se refiere el pen­samiento, sino contenido ideal del pensa­miento mismo. La primera parte de la obra, «Doctrina fundamental» [ «Fundamentallehre»], intenta precisamente una primera declinación del concepto de «verdad en sí» y tiende a demostrar, contra el escepticismo, que existe por lo menos una verdad en sí; quien dice que no existe ninguna proposi­ción verdadera afirma la verdad de esta aserción; afirma por lo tanto que es cierto que no existe ninguna proposición verda­dera, que es verdadera la aserción ante­rior, y de esta manera al infinito.

La parte históricamente más importante y más ori­ginal de la obra es la segunda, la «Doctri­na elemental» [«Elementarlehre»], destina­da al desarrollo de la noción de «proposi­ción en sí»; esta es la afirmación que algo es o no es, independientemente del hecho de que sea cierta o falsa, expresada o no en palabras, pensada o no. Las «proposicio­nes en sí» son esencias ideales; no tienen existencia (real) al igual que, por ejemplo, la noción de infinito y otras nociones ma­temáticas. Existen (en sentido ideal, es decir, matemático) infinitas verdades, que, por no pensarlas nadie, no son por ello me­nos ciertas; sin embargo, como Leibniz, que ya había afirmado la autonomía de las verdades matemáticas de los actos concre­tos de pensamiento, también Bolzano postula la omnisciencia divina como pensamiento actual de todas las proposiciones en sí.

Ellas resultan de «representaciones en sí»; para que haya una proposición no basta, sin embargo, una relación de representa­ciones, sino que hace falta la «afirmación» que una es o no es, punto muy importan­te, porque, con ello, Bolzano introduce en la Lógica el cálculo de los valores modales de las proposiciones, primer paso hacia las lógicas «polivalentes» de nuestro siglo. Finalmente Bolzano distingue «objetividad» y «realidad» de las representaciones en sí; el objeto de una representación es aquel «quid» que ella representa; puede ser ideal o real, o también imposible (como el objeto de la representación «decaedro regular»); cuando el objeto es imposible, la represen­tación se dice irreal.

Escasa importancia tienen las otras tres partes: la teoría del conocimiento [«Erkenntnislehre»], la eurística [«Euristik»] y la doctrina de la cien­cia («Wissenschaftslehre»] en sentido es­tricto. Aunque Bolzano con esta obra se puede considerar el segundo fundador, des­pués de Leibniz, de la Lógica matemática, sin embargo no llega a la completa mate- matización de su campo y sigue vinculado a la Lógica cualitativa y metafísica de Aris­tóteles y Leibniz. Y el valor histórico de la obra de Bolzano consiste sobre todo en haber abierto el camino que será recorrido, sólo más tarde, a principios de nuestro si­glo, por la Lógica simbólica y por Husserl.

G. Preti