Divergencias en materia de arquitectura y perspectiva con opiniones de excelentes y famosos arquitectos que las resuelven

[Disparen in materia d’architettura et perspettiva, con pareri di eccellenti et famosi architetti che li risolvono]. Obra con grabados de Martino Bassi (1542- 1591), que apareció en Brescia en 1572. Hubo una segunda edición en Milán en el año 1771, a cargo de Francesco Bemardino Ferrari, quien añadió una biografía del artista y una serie de documentos relati­vos a la deliberación para el S. Gaudenzio de Novara y a las controversias de Bassi con Guido Mazenta, con motivo de la re­construcción de la cúpula de la basílica de S.      Lorenzo en Milán. Este pequeño tratado interfiere en la obra del arquitecto Pellegrino Pellegrini, y se apoya en la autoridad de Palladio, de Vignola, de Vasari, de Bertani y otros. La polémica, que constituye la razón de los memoriales que lo forman, arranca de las críticas movidas por Martino Bassi en 1569 contra determinadas obras proyectadas y ejecutadas por Pellegrini en la Catedral de Milán. Una vez en pose­sión de una segura preparación técnica, animado por una viva ambición, el joven artista milanés, se hace pregonero de una campaña difamadora contra su poderoso ri­val, sostenido por la solidaridad del arz­obispo Carlos Borromeo. Las críticas pre­sentan los aspectos más variados.

En el bajorrelieve de «La Anunciación», reali­zado para la almendra mística de la puer­ta que da el Compito, se deplora la arbitra­ria adición de un segundo horizonte en contraste con normas de la perspectiva, y con la opinión general; del baptisterio cri­tica su planta cuadrada: los pedestales de las columnas son excesivamente altos y los intercolumnios demasiado forzados en su longitud, hasta el extremo de ser necesa­ria su unión mediante clavos de hierro; por último la cripta («scurolo») no está en armonía con el resto del monumento con­traviniendo la regla, sostenida por Bassi, según la cual «la estructura de cualquier edificio dentro de otro ya hecho, debe parecerse y acercarse lo máximo posible a la forma primitiva».

Esta cripta elevando sus bóvedas por encima del plano general de la iglesia, impedirá una visión completa del altar mayor y del coro e impondrá la adopción de un suelo inclinado, «obra más apropiada para demostraciones profanas y comedias, que para celebrar los santos y di­vinos oficios». Según se ve las observacio­nes de Bassi, si en parte responden a ra­zones técnicas, están sin embargo inspira­das también en afirmaciones de gusto. Todo esto no valió para impedir la realización de las obras ya concebidas, y solamente, en 1587, con el nombramiento de arquitecto de la catedral en sustitución de Pellegrino Pellegrini que estaba ausente, consiguió el reconocimiento al que, según propia opi­nión, tenía derecho.

C. Baroni