Discursos sobre Cornelio Tácito, Scipión Ammirato

[Discorsi sopra Cornelio Tácito]. Tratado de doctrina política iniciado en Florencia en 1591 y publicado en 1594. Tomando como pim­ío de partida numerosos pasajes de este historiador romano, el autor afronta de una manera particular los más dispares temas de teoría política y de la práctica de gobier­no, no sin multitud de consideraciones mo­rales. La obra cuando apareció tuvo un enorme éxito y grandes elogios (pero no escapó a la sátira de Boccalini), repetidas ediciones y traducciones; actualmente en cambio, no puede considerarse ni conocida ni apreciada.

Perjudica, ante todo, a la for­mulación de las doctrinas políticas de Ammirato, la dispersión de sus enunciados, imita a la naturaleza del tratado, expuesto en forma de comentario circunstanciado que va siguiendo paso a paso el texto de Tácito; tampoco ayuda a su claridad la exu­berancia de una ejemplificación histórica tan densa como incontrolada. La dirección y, sustancialmente, también el móvil de la obra es ásperamente antimaquiavélico, habiendo querido Ammirato demostrar precisamente sobre los textos de Tácito — quien com­partía con Maquiavelo la hostil reproba­ción de cuantos pretendían subordinar la política a la ética — como en las páginas del historiador antiguo se encontraba un verdadero antimaquiavelismo «avant la lettre».

La configuración del Estado Ideal, tal como, no sin fatiga, se colije de las disper­sas enumeraciones de Ammirato, puede resumirse en una pequeña monarquía gober­nada por un príncipe absoluto e iluminado, que inspira sus actos en la paz y el bienes­tar de sus súbditos, los cuales corresponden con la más completa sumisión. Si la bondad intrínseca de los preceptos morales susten­tados está por encima de toda discusión, su valor de enseñanza es estéril, queda lejos de la realidad de los hechos, de los hom­bres y de sus pasiones, terreno en que el hombre político ejerce su acción. Por otra parte, los «Discursos» están muy lejos de tener la poética inspiración que levanta una idea política arrancada de la humana rea­lidad a los libres espacios de la utopía. Sea como sea, quedan como uno de los mayores documentos de aquel período en que la ciencia política, a vueltas con las más con­tradictorias tendencias, está consiguiendo el pleno conocimiento de sus límites y, en consecuencia, su propia autonomía.

L. Firpo