Discurso acerca del componer poemas novelescos, Gian Battista Giraldi

[Discorso intorno al comporte dei romanzi]. Discurso crítico del autor también llamado Cintio (1504- 1573), compuesto en 1549 y publicado en 1554; el mismo tema fue tratado por G. B. Pigna, discípulo de Giraldi; de donde viene la polémica respecto a la paternidad de las ideas sostenidas en ambas obras.

Giral­di, profesor de retórica en la Universidad de Ferrara, reivindica en su Discurso la in­dependencia — de los modelos clásicos y de las reglas que de ellos se derivan — de los «romanzi», es decir, de los poemas nove­lescos o caballerescos, de los que eran ejemplos insignes el Orlando enamorado (v.) de Boiardo y el Orlando furioso (v.) de Ariosto, afirmando que estas obras cons­tituyen un «género» distinto y nuevo res­pecto a los poemas heroicos o épicos de la antigüedad, porque no se limitan a referir «una sola acción de un solo hombre», sino «muchas acciones de muchos», y porque si­guen en el exordio de los cantos, en la trama de los episodios, la variedad de los personajes y las numerosas descripciones y digresiones, formas artísticas que fueron desconocidas por Homero, Virgilio y sus imitadores.

No por ello el poema novelesco representa un género ilegítimo e inferior, ya que «los excelentes autores modernos» que lo han cultivado «le han dado la misma auto­ridad que concedieron a sus composiciones los grandes escritores griegos y latinos». Así Giraldi, más que erigirse en heraldo de un verbo romántico y revolucionario, venía a justificar en el ámbito de la doctrina clasicista la nueva poesía, que tanto favor tenía entre el público y, particularmente en el ambiente ferrarés, en que él vivía; y como ya había hecho Bembo con Petrarca, res­pecto a la poesía lírica, proclamó a Ariosto como el poeta modelo, de autoridad par, igual a la de los clásicos griegos y latinos, sobre el cual y sobre su modo de componer nos proporciona interesantes noticias.

La misma tendencia a conciliar lo antiguo y lo moderno, la doctrina clasicista y el gusto del público, se advierte asimismo en las críticas que él hace al rígido clasicismo de Trissino, de quien no aprueba la imitación, al pie de la letra, de Homero en su Italia liberada de los godos (v.), señalando que en una obra poética existen muchas partes enlazadas a las costumbres y a los gustos de la época en que surge, y que difícilmente podrían ser imitadas por quien vive en otro tiempo. Un compromiso entre la crítica y la nueva poesía intentó ser su poema Hércules (1557), que se anuncia en el Dis­curso como un «romanzo» que narra los «nu­merosos hechos» [«molte azioni»] de uno solo y que traslada a un ambiente clásico y mitológico los espíritus y las aventuras del poema caballeresco: pero aquel poema, jus­tamente olvidado, demuestra todavía mejor que el teatro (v. Orbecche) y las novelas (v. Hecatonmitos) de Giraldi, que no acom­pañaron a sus dotes de crítico dotes de poeta.

M. Fubini