Discurso acerca de las cosas que flotan sobre el agua, Galileo Galilei

[Discorso intorno alie cose che stanno in su l’acqua]. Obra publica­da en Florencia en 1612 con ocasión de una disputa ocurrida en presencia del príncipe Luis d’Este, del gran Duque y de la fami­lia granducal y de los cardenales Gonzaga y Barberini, entre Galileo y algunos peri­patéticos sobre los fenómenos de la rare­facción y de la condensación.

Sostenía el primero que el hielo es agua rarificada y que, por esto, flota con arreglo al principio de Arquímedes, mientras que los otros in­sistían en que es agua condensada que flota por su figura larga y plana, aceptando, contra Arquímedes, la teoría aristotélica de que los cuerpos no flotan porque sean más ligeros que el agua, sino porque por su for­ma son incapaces de vencer la resistencia propia del agua.

El tono del Discurso es extremadamente objetivo, la exposición, recta y límpida, sin divagaciones, pero su contenido recoge fogosamente gran parte de los puntos de vista científicos a que Ga­lileo había llegado en los años anteriores, con clara conciencia de la validez del nue­vo método. «El mismo Aristóteles me ha enseñado a creer en aquello de que me ha persuadido la razón y a no fiarme sola­mente de la autoridad de los maestros; y es muy cierta la sentencia de Alcino de que el filosofar requiere libertad».

Fundándose en el principio de Arquímedes, según el cual la flotabilidad depende de la relación entre el peso específico de los cuerpos que flotan y el peso del líquido, y aclarando con precisión la diferencia entre peso espe­cífico y peso absoluto, vuelve de nuevo al principio de la teoría general de los momen­tos, que ya había expuesto en relación con los fenómenos de equilibrio de las máqui­nas simples en su trabajo Las mecánicas (v.).

Los dos principios fundamentales de esta teoría son: «pesos absolutamente igua­les, movidos con igual velocidad, son de fuerzas y momentos iguales en el obrar» y «el momento y la fuerza de gravedad se acrecen por la velocidad del movimiento», por lo que la condición de todo equilibrio de un sólido en un fluido depende de la re­lación entre el momento de presión del cuerpo y el de la resistencia del líquido, permitiendo determinar con la máxima pre­cisión tales condiciones en los varios casos que pueden darse y explicar los diferentes grados de flotación. A la clara exposición científica, va unida una crítica suelta y su­til de las dificultades presentadas por el filósofo pisano Buonamici, en sus libros De mota, contra la teoría de Arquímedes.

De esta crítica resulta clara la diferencia entre el nuevo proceder científico, que tan deudor es de Arquímedes, y el filosófico tra­dicional apoyado en Aristóteles, tanto en lo concerniente a la investigación de las causas, que el primero achaca a las causas secundarias, inmediatas, a las relaciones di­rectas y experimentales del fenómeno, y el segundo a las pretendidas causas primeras, metafísicas y no experimentales; como en lo concerniente al experimento, que en este segundo caso sólo se trata de burdas expe­riencias analógicas, introducidas como prue­ba «ad abundantiam», mientras que en el primer caso se trata de verdaderos medios eurísticos, que sirven para analizar el fenó­meno y para seguirlo en sus variaciones.

Precisamente este método es el que permi­te a Galileo distinguir y resolver los pro­blemas particulares relativos a la forma de los cuerpos que flotan. Toda una extensa gama de fenómenos se ilumina y esclarece en su estructura, distinguiéndose según la serie de las relaciones causales que lo de­terminan, en un continuo cambio de análi­sis y síntesis teoréticas y de experiencias. La obra, de la que Galileo preparó en se­guida una segunda edición, en la que añadía la teoría de los vasos comunicantes, como un caso particular del equilibrio, fundado en la teoría de los momentos, suscitó res­puestas polémicas por parte de Arturo d’Elci, de Giorgio Coresio, de Ludovico delle Colombe y de Vincenzo di Grazia.

Las res­puestas preparadas por los dos primeros no se publicaron debido a la muerte de uno y a la enfermedad mental del otro. En cam­bio, apareció, con el nombre de Castelli, en 1615, la Respuesta a las oposiciones del Sr. Lodovico delle Colombe y del Sr. Vincenzo di Grazia [Rispos a alie Opposizioni del S. Lodovico delle Colombe e del S. Vincenzo di Grazia], opúsculo esencialmente po­lémico, pero escrito en tono tranquilo y seguro. El Discurso tuvo verdaderamente gran eficacia en el esclarecimiento y en la difusión de los métodos científicos de Galileo y en la constitución de aquella libre escuela de espíritus, de la que por obra de Galileo surgirá la verdadera ciencia.

A. Banfi