La discreta enamorada, Lope Félix de Vega Carpió

Comedia en tres actos publicada en Madrid en 1618. Es una viva comedia de intriga inspirada a Lope por una novela de Boccaccio (III-3). La joven Fenisa está prometida por su ma­dre Belisa a un viejo capitán, Bernardo, de cuyo hijo, Lucindo, Fenisa está en cam­bio enamorada secretamente. La muchacha finge aceptar a Bernardo como marido, por­que éste será el único medio posible de aproximarse al hijo. Y he aquí que Fenisa pone en práctica su plan. Se lamenta con el padre de que el joven le envíe cartas y pasee continuamente bajo su ventana, y pide que sea castigado. Lucindo, en cambio, no se había preocupado nunca de ella por­que estaba enamorado de una cortesana, Gerarda, que para darle celos le traiciona con otro joven, Doristeo. El criado ilumina al joven sobre el amor de Fenisa: el criado ha intuido que, a través de los reproches que el padre ha hecho al hijo a causa de ella, ha de ver el mensaje de una muchacha enamorada que quiere hablarle aquella misma noche.

El segundo acto se abre con un sugestivo cuadro de vida madrileña: el Prado, donde por la noche los amantes pa­sean entre la frondosidad verde cantando serenatas. Antes de ir con Fenisa, aquella noche Lucindo se dirige al Prado, donde sabe que Gerarda está con su enamorado. Ya no la ama y quiere vengarse y jugar con ella. Para eso disfraza al criado de mujer y le canta una serenata. Gerarda cae en el engaño y se pone terriblemente celosa, pero en vano, porque ya no interesa a Lucindo. Satisfecho, la deja para ir a hablar con Fenisa, a través de las rejas de su ventana.

Fenisa atrevidamente le confiesa su amor y le explica la táctica de usar del viejo padre para comunicarse con ella. Cam­biando promesas, al día siguiente la mu­chacha pide a Bernardo que le lleve a Lucindo para conocer a su futuro hijastro. Durante la visita éste se las arregla de modo que le da un billete donde le dice que su padre, celoso, está dispuesto a enviarle a Portugal. La marcha de Lucindo ha de resolverse. Fenisa, para ello, cuenta a Bernardo su segunda historia: la noche an­terior, oyó un ruido en la ventana y descu­brió en el antepecho un billete de Lucindo. El viejo capitán riñe a su hijo más áspera­mente que de costumbre, pero Lucindo comprende que se trata de otro mensaje de Fenisa. Entre tanto el asunto secundario de Gerarda y Doristeo se enlaza con el principal con nuevos motivos.

En el tercer acto la acción se complica cada vez más y se encamina rápidamente a la conclusión. Aquella noche, en el lugar indicado, Lu­cindo encuentra un billete de Fenisa en el que se le dice que pidiendo a su anciana madre en matrimonio evitará ser enviado a Portugal. Lucindo hace cuanto le dicen y Belisa no cabe en sí de felicidad con la idea de casarse con el joven. Entonces Fenisa piensa la tercera y última estratagema para encontrarse con Lucindo. Cuenta al padre que se equivocó al suponer que fue Lucindo quien dejó el billete en el antepecho. Fue un amigo suyo que, la noche anterior, a las diez, llamó a la puerta de su dormitorio. Su rapidez en cerrar la puerta evitó un desas­tre. Por ello le pide que envíe a Lucindo de guardia aquella noche a la puerta de la casa.

Entre tanto ella recibirá a Bernardo y le pide que venga juvenilmente afeitado y vestido, pero envuelto en una capa. La astuta muchacha ha dicho ya a su madre que Lucindo desea visitarla aquella no­che. Lucindo interpreta rectamente el tercer mensaje enviado por Fenisa a través de su padre y va a su casa a las diez. Ber­nardo está ya dentro y el resultado de las maquinaciones de la joven es que en la oscuridad la madre toma al viejo capitán por su hijo, mientras ella misma se con­vierte en la mujer de Lucindo. En la Dis­creta enamorada el arte de Lope se revela fresco, ligero, habilidoso, todo gracia, deli­cadeza y comicidad acompañadas de una ironía semiseria. Es una comedia bastante feliz que, basada exclusivamente en el mo­vimiento y las complicaciones de la acción, consigue precisamente por esto equilibrarse y llegar al final con mayor facilidad y cohe­rencia que muchas obras de carácter dra­mático.

S. Biancalani

*Inspirándose en esta obra, Federico Romero y Guillermo Shaw escribieron el libreto para la zarzuela Doña Francisquita, cuya música compuso Amadeo Vives (1871-1932). Estrenada en el Teatro Apolo de Madrid, el 17 de octubre de 1923, su triunfo fue total y rápidamente convirtióse en la obra más celebrada y más significativa de su autor. Y, en verdad, con Doña Francisquita, por su fecunda inspiración melódica tanto como por su estructurado y logrado conjunto, alcanza Amadeo Vives la cima máxima de su arte.

Dividida en tres actos (y el tercero, a su vez, en dos cuadros), la acción transcurre en Madrid, a mediados del siglo XIX. Francisquita (hija de doña Francisquita) logra con sus ardides atraerse el amor del estudiante Fernando (apartándolo del que sentía hacia Aurora) y dirigir el que por ella demuestra don Matías (padre de Femando) hacia su madre. Entre los números destacados cabe señalar los siguientes: I acto: «Siempre es el amor», canción de coqueteo entre Francisquita, Fernando y su amigo Cardona; equívoca de­claración de don Matías, que no se sabe hacia quien va dirigida; romanza del rui­señor y el zángano, «Era una rosa en un jardín». II acto: día de Carnaval en el Me­rendero La Constitución, en las afueras de Madrid, con las coplas del coro «Los co­frades»; la popularísima aria de Femando «Por el humo se sabe dónde está el fuego». III acto: el coro de caballeros y muchachas «¿Dónde va la alegría?» y el famoso Ma­rabú, bolero gitano, «A un jilguero».

Oriol Martorell