De los Remedios de una y otra Fortuna, Francesco Petrarca

[De remediis utriusque fortunae]. Tratado moral en dos libros de Francesco Petrarca (1304-1374). Iniciado en 1354 y terminado en 1366, está dedicado a Azzo de Correggio.

Su propósito es ofrecer al hombre los medios para resistir tanto a la buena como a la adversa fortuna, igualmen­te peligrosas para el alma humana, y tal vez más la primera que la segunda. Con tal fin el autor desarrolla una serie de me­ditaciones morales en forma de pequeños diálogos esquemáticos; sus interlocutores son, en el primer libro, dedicado a la pros­peridad, el Goce y la Esperanza, que se regocijan con los bienes poseídos o espe­rados por los hombres, y la Razón, que demuestra la vanidad que en ello se en­cierra; en el segundo, dedicado a la infe­licidad, intervienen el Dolor y el Temor, que se afligen por un mal presente o futu­ro, y de nuevo la Razón, que demuestra cuán irrazonables son aquellos sentimientos.

Así desfilan ante los ojos del lector todos los casos posibles de la vida humana, los bienes más grandes que el hombre puede conseguir y esperar, como son el pontifi­cado, el alto poder político o la gloria lite­raria, y los bienes más modestos que ale­gran nuestra existencia, junto con las ma­yores desgracias y las más leves molestias; la obra viene a ser, como deseaba el autor, no un tratado sistemático, sino una colec­ción de breves razonamientos, entre los cuales el lector puede encontrar lo que mejor se ajuste a su situación, para dedu­cir una advertencia y un consuelo. Por tal motivo y con la misma forma, se acentúa la tendencia ascética del espíritu petrarquesco, y el propósito de demostrar la va­nidad de todo bien y de todo mal hace in­currir al autor en paradojas o contradic­ciones. Por otra parte, como él se obstina en reforzar sus razonamientos con una eru­dición peregrina en su tiempo, más de una vez puede parecer que por encima de la tesis mantenida, lo que siente de corazón es la erudición, de igual manera que cuando al hablar de bellas pinturas expone cuanto sabe de la pintura antigua.

Pero la obra nació realmente de lo íntimo de su espíritu, que sentía por igual la alegría de las cosas terrenas y el anhelo de una paz en que pu­diera refugiarse, y que reconocía en cada hombre la presencia de la misma inquietud, como dice en la bella carta dedicatoria, vi­gorosa afirmación de pesimismo y, a la vez, expresión de la exigencia de superarlo con una filosofía moral cristiana y estoica, que sea guía y sostén en la vida. El poeta apun­ta a dicha filosofía moral despreciando las filosofías de las escuelas, en los Remedios y en toda su obra; y que el escritor estaba de acuerdo con las tendencias de su tiem­po, y las de la época posterior, lo demues­tra la extraordinaria difusión que alcanzó esta obra, compendiada, traducida e impre­sa en numerosas ediciones hasta el siglo XVIII. [Trad. española de Francisco de Madrid con el título De los remedios contra próspera y adversa fortuna (Valladolid, 1510), varias veces reimpresa en el si­glo XVI].

M. Fubini

El primero de los humanistas, si en el hu­manismo queremos ver, sobre todo, el re­nacimiento de la filosofía moral latina, ilu­minada por el Cristianismo. (Bertoni)

Bajo la envoltura medieval del De remediis, siento un gusto moderno de pensamiento que podría llegar a evocar, alterna­tivamente, a un Pascal o a un Montaigne. (F. Flora)