De la Pintura, Leon Battista Alberti

[Della pittura]. Obra de Leon Battista Alberti (1404-1472), com­puesta en 1436, de fundamental importan­cia, junto con sus otros dos tratados, De la arquitectura (v.) y De la estatua (v.), para la historia del primer Renacimiento.

Esta obra, dividida en tres libros, comienza con una dedicatoria a Brunelleschi, en la que el autor declara su intento de exponer de modo sistemático los fundamentos teóricos y las reglas de las artes figurativas, a fin de que los artistas modernos, siguiéndolas, puedan igualar a los antiguos. Después de haber definido en términos matemáticos líneas, ángulos y superficies, y haber tra­tado de los rayos visuales y de los colores, cuatro de los cuales — el rojo, el azul ce­leste, el verde y el ceniciento — son reco­nocidos como principales y puestos en rela­ción con los cuatro elementos, Alberti define de modo naturalista la representación pictó­rica como una sección transversal «intersegatione» o «intercisione» de la «pirámide visiva» que tiene el vértice en el ojo del observador y demuestra matemáticamente su propio concepto.

En este pasaje, que con ab­soluta novedad coloca la esencia de la pin­tura en la visión perspectiva, Alberti refleja el interés propio del «quattrocento» floren­tino por la perspectiva geométrica, enten­dida como problema de estilo, y en tal perspectiva hace consistir la espiritualidad propia de la representación pictórica, que refleja la superficie de las cosas como una clara fuente la imagen de Narciso. Sigue la subdivisión de la pintura en tres partes: «circonscriptione» (contorno lineal), «compositione» (composición de los planos), «receptione di lumi» (modelado de los cuer­pos y selección de los colores). En este tra­tado se desarrolla también la teoría de las proporciones, ahora fundada en el conoci­miento anatómico del cuerpo humano, y se insiste en el predominio del relieve, obte­nido con el claroscuro, sobre el color.

Para Alberti, el cometido más elevado de la pin­tura es la representación plástica del cuerpo humano; de aquí su preferencia por la pin­tura de historia. Este tratado, que refleja en muchos pasajes el gusto plástico que se afirmó en la obra de Brunelleschi, de Donatello y de Masaccio, es un testimonio del rigor teorético y del espíritu humanístico que informan el ambiente artístico floren­tino del «quattrocento». Puesta en compara­ción con el Libro del Arte (v.) de Cennini, todavía sujeto a la precedente tradición del «trecento», hasta por su carácter de recetario técnico, la obra de Alberti pone de manifies­to del modo más claro la nueva conciencia racionalista que, en el terreno de las ideas sobre el arte, caracteriza el Renacimiento en comparación con la Edad Media, y el nuevo valor dado a la personalidad del artista.

Han tenido duradera eficacia muchas ideas del tratado (sobre los recíprocos límites de las artes, sobre su posibilidad de ser apren­didas por reglas sistemáticas, etc.), y que han pasado a las teorías clasicistas y aca­démicas de los siglos sucesivos. Primera edición impresa, en latín: Basilea, 1540, a la que siguieron varias traducciones (Venecia, 1547; París, 1651, etc.). El texto origi­nal en italiano, editado en Viena en 1877 por H. Janitschek, ha sido modernamente reproducido bajo la dirección de G. Papini (Lanciano, 1911).

G. A. Dell’Acqua