De la Perfección de la Vida Política, Paolo Paruta

[Della perfezione della vita politica]. Obra del veneciano Paolo Paruta (1540-1598), escrita entre 1567 y 1579, publicada en Venecia en 1579. La obra alcan­zó un notorio éxito (otras ediciones en 1586 y 1589, y varias en el siglo XVII; tra­ducciones francesas en 1586 y 1645, inglesa en 1679).

Está dividida en tres libros y tiene forma de diálogo (el título primi­tivo del primer libro parece que era: Diá­logos de la vida civil), que se desarrolla en Trento en 1563, en casa de Matteo Dándolo, orador veneciano en aquel Concilio. Son los interlocutores algunos eclesiásticos, entre ellos Giovanni Grimani, patriarca de Aquileya, y ciertos nobles venecianos, entre ellos, además de Nicoló da Ponte, Gio­vanni da Legge y Michele Suriano, los dos enviados de la República para felicitar a Maximiliano de Habsburgo, nombrado rey de Romanos (el regreso, por Trento, de estos dos, es lo que da ocasión a los colo­quios).

Los asuntos tratados son varios, y hasta heterogéneos (por ejemplo, en el libro tercero se discuten, entre otras cosas, la cuestión de si las mujeres pueden en­noblecer, si el hombre feliz tiene necesi­dad de amigos…); el núcleo central lo da, sin embargo, el problema, discutido en el primer libro, de «si el hombre sabio debe dedicarse al gobierno de la república o reti­rarse al ocio de la vida privada», si es pre­ferible la vida activa a la contemplativa, si es oportuno hacer política o no. En otros términos, Paruta afronta en esta obra la grave cuestión de la licitud del obrar polí­tico y de las relaciones entre política y moral, asunto que constituía entonces, en los tiempos siguientes a Maquiavelo, un vivo y dramático problema.

Paruta, que era hombre político (fue procurador de San Marcos, embajador en Roma, etc.), termina legitimando la actividad política, la vida activa, y le atribuye un valor propio, sin subordinarla a la moral, es decir, a la vida contemplativa; «Estimo-yo, que una y otra felicidad, esto es, la activa y la contem­plativa, puede decirse que son operaciones perfectas…» «Digo por tanto que no es verdad…, que a la (vida) especulativa esté ordenada, como a su fin, la vida civil; pues la actividad virtuosa, de la que se origina aquella felicidad civil, es a la vez una mis­ma cosa y una cosa diversa con ella; y no tiene ningún otro fin fuera de sí misma». Así pues, es propia del hombre precisamente la vida activa (política), que de un modo abstracto no será la más perfecta, pero que lo es sin embargo con aquella perfección «de la que puede ser capaz nuestra huma­nidad, mientras seamos hombres».

Aunque Paruta parece que plantea el problema con claridad, hay que reconocer que más tarde cae de nuevo bajo el imperio de las pre­ocupaciones morales y religiosas tradiciona­les, ya cuando exalta (al fin del libro I) la ley moral, que es la que más fácilmente lleva al hombre a Dios, fin supremo a que ha de tenderse; ya cuando, en el libro II, al dibujar la figura del político,- se limita a la consabida reseña de las virtudes mora­les según el modelo tradicional.

F. Chabod

Es una verdadera delicia, por tanta dul­zura y nobleza de estilo; pero es prolija y de materia bastante pobre. (Giordani)