De la división del tiempo, Beda

[De ra­tione temporum]. Importante obra científi­ca, compuesta con fidelidad escolar por (hacia 672-hacia 735), el infatigable monje anglosajón que la Edad Media cele­bró como a uno de sus más grandes maes­tros y honró con el apelativo de Venerable. A petición de sus discípulos, a quienes pa­recía demasiado concisa su anterior obrita cronológica, Libro sobre el tiempo [De temporibus liber] y otra obra cosmográfica suya sobre la Naturaleza de las cosas (v.), el tratado fue compuesto hacia el 725-26 y dedicado al abad de su convento, Hvaetberto.

Los capítulos desde el primero hasta el 65 tratan de la dactilomía, de la división del tiempo, de las horas del día, de la no­che, de la semana, y de la llamada «gran semana», la semana de la edad del mundo, de los meses entre los romanos, entre los hebreos, los griegos, los egipcios y, sin du­da, por amor patrio, también entre los anglos; de las constelaciones, del curso y los fenómenos de la luna, de los eclipses, de la fuerza de la luna, de su influjo sobre las mareas, de los equinoccios y los solsticios, de la desigual duración de los días, de las cuatro estaciones, de los años naturales en los diversos pueblos, de los años bisiestos, del ciclo de diecinueve años y de su divi­sión, de la era cristiana, de las indicaciones de las epactas, del ciclo lunar, y de la de­terminación de las fiestas de Pascua. El lar­go capítulo 66 constituye casi un tratado y lleva un título propio: Crónica sobre las seis edades de este mundo [Chronicon sive de sex huius saeculi aetatibus].

En él se expone la teoría de San Agustín, tal como la trató San Isidoro, según el cual la his­toria se divide en seis épocas. Fuente base de ella es la Crónica (v.) de Eusebio con las adiciones de San Jerónimo; otras fuen­tes son las crónicas de Próspero, de Mar­celino, la mayor de San Isidoro y la de Mario de Avenches; algún recuerdo hay también del Liber Pontificalis, de Eutropio y de Orosio. Para la historia de su tie­rra, Beda tuvo en cuenta la Historia de los Britanos [Historia Britonum] de Gildas. Los capítulos 67-71 tratan de la venida de Cristo, y del Anticristo, del juicio final y de las dos últimas, ya no terrenas, edades del mundo, la séptima, la del «sábado eter­no», y la octava, «de la resurrección» en el triunfo de la posesión de Cristo.

El autor siente profundamente la alegría de poder ofrecer a su humilde fatiga «sobre el volu­ble y fluctuante cambiar del tiempo» este «oportuno fin en la eterna estabilidad y en la estable eternidad» del Cielo. El tratado, que tuvo como fuente general a San Isidoro, Macrobio y Plinio el Viejo, ejerció una influencia vastísima en toda la Edad Media y particularmente en el mundo escolástico, en tanto que, para los modernos, representa una prueba clara de la extraordinaria eru­dición de Beda en el campo de los estudios propiamente científicos.

G. Billanovich