Divinas palabras, don Ramón del Valle Inclán

«Tragicomedia de aldea» la subtitula su autor. Fue publica­da en 1920. Por su tema y por sus caracte­rísticas, hay que incluirla dentro del grupo de los «esperpentos» y junto a las Come­dias bárbaras (v.).

Una macabra comparsería de mendigos, truhanes, degenerados, etc., se anima en una serie de cuadros que constituyen una visión y un conjunto de estampas de la Galicia mítica del poeta. Los principales personajes son: Pedro Gailo, el sacristán de San Clemente, y su esposa Mari Gaila, que le es infiel; Juana la Reina, que arrastra, en un «dornajo», por ferias y romerías, a un enano lisiado, que después de la muerte de ella, por los beneficios que reporta, se lo disputan las dos cuñadas, Mari Gaila y Marica del Reina (Al idiota, al fin, lo matan emborrachándole); Lucero, llamado también Séptimo Miau o Compa­dre Miau, con su perro; Rosa la Tatula, vie­ja mendiga; el Ciego de Gondar, etc.

No faltan el Pájaro Adivino, el Trasgo Cabrío, que arrebata a Mari Gaila. Revive todo un mundo de supersticiones y leyendas; un des­enfrenado sensualismo atraviesa toda la obra, y culmina en la escena final cuan­do Mari Gaila, sorprendida en adulterio, es conducida desnuda en un carro de heno, como símbolo de la sensualidad y de la tierra. Su esposo, al verla, recita las pala­bras del Evangelio: «Qui sine peccato est vestrum, prirnus in illam lapidem mittat», que dan título a la obra. El lenguaje de los personajes es violento, desgarrado y corta­do, sumamente expresivo (véanse los mo­mentos de plantos y lamentaciones), y con­trasta con las estilizadas descripciones que el autor pone como acotaciones a la acción, que nos recuerdan al Valle Inclán moder­nista: «San Clemente. La quintana en si­lencio húmedo y verde, y la iglesia de ro­mánticas piedras dorada por el sol, entre el rezo tardecino de los maizales».

A. Comas