Congreso de Verona, François-René de Chateaubriand

[Congrés de Vérone]. Obra de carácter político de François-René de Chateaubriand (1768-1848), publicada en 1838 para justificar ante la opi­nión pública su actuación como ministro de Asuntos Extranjeros de Francia. Es sa­bido que en Verona, en 1823, el Congreso de los monarcas de Europa planteó un pro­blema muy parecido al del Congreso de Vie­na y de la Santa Alianza: la manera de impedir la difusión y el triunfo de las ideas de libertad y de nacionalidad. En particu­lar se trataba de intervenir en España para reponer en el trono a Fernando VII. En el Congreso participó Chateaubriand como re­presentante de Francia. Apoyó, hasta hacerla triunfar, la solución que contaba con menos adeptos: la de dejar a Francia la responsabilidad y al mismo tiempo el ho­nor de una campaña que restableciese la monarquía contra los insurrectos españoles.

Firme en su intento de hacer prevalecer este proyecto porque había de dar gloria a su país no menos que a sí mismo, con­siguió la adhesión del suspicaz ministro de Austria, Clemente von Metternich, sobre todo como consecuencia de los reproches dirigidos a Inglaterra a propósito de las co­lonias españolas de América (v. Colonias españolas), puesto que éstas se separarían definitivamente de España sin la interven­ción de un fuerte gobierno monárquico en aquel suelo. La empresa se llevó a cabo en conjunto según el proyecto de Chateau­briand, que en las argumentaciones y en los documentos presentados en la obra, de­dicados precisamente a la Guerra de Es­paña, explicó los motivos que le habían lle­vado a sostener la necesidad de empujar a Francia hacia el camino de su tradición mi­litar y de su tradicional hegemonía. La vivacidad de la obra en sus razonamientos y peroraciones, está realzada por un len­guaje cálido y lleno de colorido donde la razón de estado se funde con las consi­deraciones personales. El hombre, Chateau­briand, habla a Europa como un tribuno: también por esta actitud confiere a la lite­ratura un encanto nacional y social. El es­critor encontrará un discípulo más gene­roso en Víctor Hugo.

C. Cordié