Compendio de las Pandectas, Bernhard Windscheid

[Lehrbuch des Pandektenrechts]. Obra mo­numental del jurista alemán Bernhard Windscheid (1817-1892), publicada en 1891, que compendia los grandiosos resultados de su intensa experiencia científica. En su in­troducción hallamos una sólida exposición de los principios sistemáticos y de los con­ceptos de derecho de las Pandectas. Por este nombre entiende el autor «el derecho privado común alemán, de origen romano». La mayor influencia sobre el derecho indí­gena fue ejercida por el derecho romano, por la costumbre, no del pueblo, sino de los letrados, porque el derecho romano era tanto más perfecto cuanto que ya se mos­traba no como «un» derecho, sino como «el» derecho. El derecho romano común tiene valor subsidiario; es considerado como un todo en la forma de la codificación justinianea elaborada por la escuela boloñesa. Por encima de las legislaciones particulares co­dificadas, el derecho romano conserva im­portancia preeminente, porque es «funda­mento de toda ciencia de derecho privado y en cierto modo, de cualquier ciencia ju­rídica». Esto procede de su estructura uni­versal que trasciende los límites de la indi­vidualidad popular, y ello sin incurrir en la abstracción.

La parte general del libro I trata «del derecho en general». Las fuentes del derecho son: la ley («expresión emanada del Estado, de que alguna cosa será dere­cho») y la costumbre (derecho que es usado de hecho con la conciencia de un derecho). Hay además normas jurídicas emanadas de una voluntad diversa de la del Estado (co­munes, corporaciones, etc.); se tiene aquí la «autonomía» en contraposición a la «le­gislación» y la «observancia» en contrapo­sición a la «costumbre». Sigue el tratado so­bre la interpretación y sobre las antítesis y la esfera de acción del derecho.

El libro II trata de «los derechos en general». Derecho subjetivo es «una potestad o señorío de la voluntad otorgada por el orden jurídico». Esta definición comprende, ya el derecho a un determinado comportamiento de otra persona, ya la facultad de poner en existen­cia derechos de la primera especie. Aquí el autor tomó posición contra la concepción de Ihering (según la cual el derecho subjetivo es el interés tutelado jurídicamente) en cuanto — observa — la substancia del dere­cho no es la «finalidad» por la cual el or­denamiento jurídico ofrece tutela, sino la «razón» por la cual la concede. Y la razón de esto no puede estar en otra cosa sino en la voluntad del ordenamiento jurídico, y en virtud de la voluntad del titular se ha con­vertido en «decisiva». Es sin embargo indi­ferente que el ordenamiento jurídico ofrez­ca o no los medios coactivos para actuar el poder de la voluntad del titular, en cuanto la coacción no atañe a la esencia del dere­cho. Puesta la distinción entre derechos rea­les («aquellos en fuerza de los cuales la vo­luntad del titular es decisiva para una co­sa») y personales («aquellos en fuerza de los cuales la voluntad del titular no es nor­ma para el comportamiento de los hombres respecto a una cosa sino que lo es para cualquier comportamiento de una persona particular») pasa a tratar de algunas impor­tantes formas de derecho subjetivo. Par­ticular interés suscitan las figuras de los «derechos en la propia persona», y de las «pretensiones o razones»: los primeros son configurables en el sentido de «que la vo­luntad del titular por la propia persona» habiendo sido proporcionada por el ordena­miento jurídico de tutela se torna decisiva contra los que están frente a ella; las se­gundas expresan «la tendencia del derecho a sujetarse y la voluntad ajena como tal» independientemente de la naturaleza del derecho. Quieren en sustancia, designar la posibilidad reconocida por el ordenamiento jurídico, de hacer valer el derecho. En tal sentido la pretensión no se confunde con la «actio», aunque constituye su fundamento y su causa. Pasando a tratar del objeto del derecho, el autor, como consecuencia de su teoría voluntarista del derecho subjetivo, reconoce esta cualidad sólo al hombre como persona física, en cuanto es el único capaz de poner en ejecución aquella «voluntad que se ha declarado decisiva».

Las llamadas per­sonas jurídicas son, por lo tanto, entes ficti­cios y no existentes de por sí, sino sólo en cuanto por ellas actúan personas físicas. So­bre estos presupuestos se define el hecho jurídico en función de la sola voluntad pri­vada, esto es: «una declaración privada de voluntad dirigida a producir un efecto ju­rídico». La obra de Windscheid resume y compendia todo lo mejor que haya produ­cido la especulación pandectista alemana. Reviste gran valor, no sólo para la ciencia jurídica, sino también para la historia po­lítica. A la ciencia jurídica aportó tesoros inestimables, por cuanto en su seno sur­gieron nuevos planteamientos de problemas jurídicos. Así, la teoría de los derechos sub­jetivos, cuya función en el ordenamiento jurídico fue acrecentándose cada vez más, a través de las sucesivas especulaciones, has­ta convertirse en el propio fundamento del derecho; el plan jurídico, admirable cons­trucción doctrinaria que tiende a unificar en un criterio único todas las instituciones que tengan su causa en la voluntad; e innume­rables instituciones particulares. Por el lado ¡histórico la obra representa un esfuerzo maravilloso, de carácter exquisitamente eu­ropeo, para unificar en una síntesis ideal su­perior el germanismo y el romanismo. Su esfuerzo así va más allá del mero tratado jurídico, para asumir el valor de idea-fuerza de la civilización europea. Trad. italiana de Fadda y Bansa con glosas y comentarios (Turín, 1902).

A. Repací