Código de la Naturaleza, Morelly

[Code de la nature]. Obra filosófica de Morelly (si­glo XVIII), publicada «partout, chez le vrai sage», en realidad, en Amsterdam, en 1755. Despertó la curiosidad de los lectores, a pe­sar de que el autor no ha sido aún bien identificado, y se atribuyó a Diderot, sien­do incluida, en 1773, en una colección de sus obras. Es importante para el desarrollo de las ideas utópicas que surgieron en el ám­bito de la Ilustración y desembocan en los «mitos» de la Revolución francesa. En efec­to, la teoría de la felicidad común de Babeuf se inspira en este libro, que, refiriéndose a la Utopia (v.) de Moro y, de lejos, también, a la República (v.) de Platón, muestra la exigencia de una concepción del porvenir basada sobre el bienestar. En este Code de la nature, ou le véritable esprit de ses lois de tout temps négligé ou meconnu, el autor anhela una sociedad perfecta en la que to­dos puedan alcanzar la plenitud de la feli­cidad. Se trata de un Estado ideal en el que, en contra de la moral tradicional, llena de irrealidad y de prejuicios, el hombre muestra su bondad y su deseo de perfección. Al hombre, nacido naturalmente bueno, le vician las instituciones, dirigiéndole así ha­cia el mal. Los tratados de moral y de política son dañosos, porque enseñan astu­cias que fácilmente pueden conducir a la perdición. El hombre ve transformarse así en pasiones dañosas sus ansias espirituales.

Es necesario, por tanto, impedir que el hom­bre se haga malo a causa de los vicios y de un ambiente corrompido. Ley fundamental de una sociedad nueva, es sobre todo la que haga comunes todos los bienes: la pro­piedad sólo puede conducir al mal, porque suscita el deseo y la violencia; los bienes han de usarse según las necesidades públi­cas. En la organización de esta nueva so­ciedad, tienen mucha importancia las leyes que regulan la producción y la distribución. Los ciudadanos han de someterse a la ley colectiva y no pueden vender, ni menos aún «cambiar» las cosas entre sí. Dada la divi­sión del Estado en familias, tribus, ciudades y provincias, hay que sistematizar el funcio­namiento de la sociedad de acuerdo con leyes jerárquicas. Funcionan para el bien común, casas, hospitales, y para garantía contra el mal, también las prisiones. El ma­trimonio, obligatorio para todos, es la base de la familia y sólo en determinadas condi­ciones se admite el .divorcio; los hijos han de ser criados por la madre, educados en común primero en la escuela y luego en el trabajo. Cada uno está seguro de contribuir al sostenimiento y mejoramiento de la so­ciedad: por lo tanto debe tender su espí­ritu hacia nobles sentimientos. Por turno darán las familias, las tribus y las provincias, sus miembros para el gobierno en sus di­versos órdenes, en una especie de política federalista.

Varios consejos y, por fin, el consejo supremo, guían al Estado en todas sus exigencias, pero todo se basa en el buen funcionamiento de las comunidades por se­parado. La obra de Morelly, singular por su actitud utópica, ha de considerarse como un notable documento para el programa comu­nista de una renovación social; los motivos de Platón y de Locke, están en ella desarro­llados ampliamente a través de un ensueño optimista que alcanza la categoría de mito y que anticipa los programas sociales del siglo XIX. De la tentativa de Babeuf a los programas políticos de Saint-Simon y de Blanc, las teorías sociales y comunistas ha­llarán en la obra de Morelly más de un eficaz precedente histórico.

C. Cordié