Código Gregoriano

[Codex Gregorianus]. Hacia fines del siglo III d. de C. los que estudiaban y practicaban el dere­cho romano se hallaban ante una grave difi­cultad para el conocimiento de las leyes en vigor, en el Imperio romano. En efecto, la falta de una coordinación entre los edic­tos y las constituciones promulgados por los emperadores, las dificultades para dis­tinguir los rescriptos y decretos y, sobre todo, la falta de conexión entre las normas recientemente emanadas y las preexisten­tes determinaban una gran incertidumbre acerca del derecho vigente. La jurispruden­cia clásica había obviado este inconvenien­te con oportunas colecciones y encuadrando en los tratados las constituciones antiguas junto con las innovadoras. Al faltar la obra de doctrina jurídica se sintió la necesidad práctica de juntar las constituciones o las partes en vigor. Nacieron así los primeros «Códigos», que fueron al principio compila­ciones privadas como el Código Gregoriano y el Hermogeniano (v.) y después compila­ciones oficiales como el Teodosiano (v.). El Código Gregoriano, obra de un Gregorio, por lo demás desconocido, fue redactado en Oriente bajo el imperio de Diocleciano, en 291-292 d. de C.

Es una compilación esen­cialmente de derecho y comprende, en la parte que ha llegado hasta nosotros, exclu­sivamente rescriptos; el más antiguo es del 190 d. de C. bajo Séptimo Severo; los más tardíos son precisamente de 291-292 d. de C. La compilación comprendía por lo menos 15 libros, y su materia estaba ordenada sis­temáticamente según el orden del Edicto. Dentro de cada uno de los libros los res­criptos estaban dispuestos cronológicamente según su contenido, bajo los diversos títulos. El Código Gregoriano ha llegado hasta nos­otros gracias a los fragmentos de él, citados en el Código de Justiniano (v. Corpus Iuris), en la Ley Romana de los Borgoñones (v.), en la Confrontación entre las leyes Mosaicas y las romanas (v.), en la Cónsultatio veteris cuiusdam iuris consultil en los Fragmentos Vaticanos (v.) y por medio del epítome que se hace de él en la Ley Roma­na de los visigodos (v.). La obra tuvo dura­dero éxito en la práctica y en la escuela. Teodosio II le confirió dignidad oficial, de manera que cesó de tener valor sólo con el Código de Justiniano, que entre otros tra­bajos refundió también el Gregoriano.

A. Répaci