Cinco Meditaciones sobre la Existencia, la Soledad, la Sociedad y la Comunidad, Nicolás Berdiaev

[Cinq méditations sur l’existence, la solitude, la société et la comunité]. Obra del filósofo ruso Nicolás Berdiaev [Nicolaj Alexandrovic Berdjaev (1874-1948), publicada en francés, en París, en 1936. Berdiaev, que había comenzado su especulación filosófica intentando conciliar el problema histórico, entendido en sentido marxista, con las exigencias puramente espi­rituales y desinteresadas, y por tanto superhistóricas, de la ética kantiana, y había lle­gado a la conciencia de un dualismo insoluble entre las exigencias del espíritu y la realidad de la historia, trata aquí la dialéc­tica entre la historia y Dios, entre el drama del mundo dominado por la contradicción y por la muerte y la inconcebible trascenden­cia divina. Su teísmo tiene relación con la visión trágica de Dostoievski, según el cual la humanidad reniega constantemente de sí misma en la tentativa de rebelarse y susti­tuir a Dios, como ocurre en la locura lúcida de Ivan Karamazov (v.). La única esperanza de salvación es la promesa del cristianismo, donde el hombre, rompiendo todas las efí­meras cadenas de la propia vida y sobre­pasando, en un puro vuelo del corazón, los límites y la contradicción de la sociedad y de la historia, se reconquista a sí mismo y encuentra su propio destino, aceptando la propia posición y realidad, sin tratar de huir de sus propios límites y de los propios deberes para con la vida. La historia del hombre se quiebra ante la idea de Dios, pero sólo en los fragmentos de ella el hombre puede adquirir el verdadero significado de la propia existencia. Sólo de esta manera, aceptando y pagando la realidad, el hombre puede redimirse del pecado original. Cristo que acepta ser hombre para salvar al hom­bre, es el símbolo de la redención obtenida por medio de la aceptación del propio lími­te y del propio destino.

La idea de la muer­te, como expresión fundamental de nuestra condición finita, se convierte en idea con­ductora de la filosofía, mientras el cristia­nismo se proyecta en forma de visión filo­sófica universal, superior a cualquier Iglesia. Como los filósofos del Existencialismo (v.) alemán, Berdiaev, contra toda filosofía intelectualista e idealista, insiste sobre el pro­blema de la personalidad humana, problema considerado como el momento central del pensamiento y de la existencia del hombre. En relación con este problema, se pone la antítesis entre el hombre y los hombres, en­tre el individuo y la historia. Fundamental importancia adquiere el tema de la soledad de la persona, de la imposible comunicación entre destino y destino. Sólo en cuanto conscientes igualmente de la situación nega­tiva de la propia limitada existencia, los hombres forman una comunidad, que no se consigue a través de la superficialidad y del dogmatismo de la política o a través de la exaltación de este o aquel mito, sino en el hecho de que todos se encuentran igual­mente limitados frente a Dios. Sólo así el hombre tiene conciencia del verdadero sig­nificado de su propia existencia, y renun­ciando a la voluntad de absoluto, siente con­tinuamente el límite, a la vez que el valor de la propia humanidad. Tal valor es inal­canzable en su más profundo significado, para quien no abandone la superficialidad de los hechos o de las cosas, y para quien no esté convencido de la inevitable y radical incapacidad de la filosofía y de la ciencia para resolver el misterio del universo y el misterio del destino humano.

También Ber­diaev supera así el principio fundamental del Existencialismo: la filosofía o es el hom­bre o no es nada. Pero el hombre es tal en cuanto tiene el valor de aceptar la propia soledad de la cual no es posible ninguna evasión en el mundo social e histórico. Sólo en la soledad más profunda Dios se encuen­tra frente a nosotros y el hombre está solo frente a Dios. En este importante trance de su existencia el hombre se encuentra con otros hombres en la común situación límite frente a la trascendencia divina: toda otra comunicación es imposible. De esta con­ciencia de la finitud de toda realidad y de todo pensamiento humano puede surgir, se­gún Berdiaev, una visión de la vida más tolerante, más justa, más humana que la actual. La importancia de Berdiaev consiste especialmente en el hecho de que su filo­sofía, desarrollando los principios funda­mentales de Dostoievski, ha construido, aceptando las premisas del Existencialismo, un puente de paso entre la cultura rusa y la cultura europea. Es curioso que él haya encontrado el espíritu de Europa desarro­llando el pensamiento de uno de los maes­tros del eslavismo.

F. Pasini