Catecismo de los Industriales, Claude-Henri de Rouvroy

[Catéchisme des industriéis]. Obra del eco­nomista Claude-Henri de Rouvroy, conde de Saint-Simon (1760-1825), publicada en los años 1823-1824 en una serie de cuatro cua­dernos, el tercero de los cuales lo constituía el Sistema de política positiva (v.) de Comte. Inspirado en la necesidad de estudiar en la vida moderna los elementos que tienden al progreso y los parásitos que obstaculizan toda forma de sana política, el famoso uto­pista y reformador examina la naturaleza de los industriales. Éstos son hombres que trabajan «para producir o poner al alcance de diferentes miembros de la sociedad uno o más medios materiales de satisfacer sus necesidades y sus gustos físicos». Ellos de­ben ocupar el primer puesto en la escala social, porque son los miembros más impor­tantes de la comunidad, en lugar de ser considerados como los menos importantes entre todos los ciudadanos. Sólo con una perfecta organización de las fuerzas pro­ductivas, la vida de la nación será dirigida de un modo racional; se verán así evitadas inútiles luchas políticas y guerras de con­quista, en cuanto, con el justo empleo de los medios que el mundo ofrece a los in­dustriales, cada cual tienda naturalmente a la felicidad. Es necesario presentar a los in­dustriales un verdadero cuadro de la situa­ción social, sin ocultarles nada: favorecer la colectividad significa evitar las revueltas e incitar a las fuerzas, no a la destrucción, sino al empleo eficaz de toda energía.

Des­pués de haber definido el carácter y el po­der de los industriales, el autor pone de manifiesto la formación de la industria bancaria. El gran empleo del dinero para im­portantes trabajos facilitará empresas de todo género, de una forma que centuplicará la actividad de los particulares y la pondrá bajo el control de mayores y más perfectas organizaciones. Por lo demás, el poder ad­ministrativo deberá dominar a los militares e incluso a los legisladores, por cuanto es más perfecto y tiende orgánicamente hacia la unión de todas las fuerzas. Varios ejem­plos muestran en la historia las graves cri­sis ocasionadas por la falta de conocimiento de las leyes económicas; por ejemplo, la del industrialismo inglés contemporáneo. Pero el gobierno británico sostiene en Eu­ropa el régimen gubernativo, mientras que en América el sistema de organización in­dustrial es sostenido contra el sistema esta­tal. Demostrada claramente la necesidad de considerar las leyes económicas que deben gobernar la sociedad, hay que tener fe en el porvenir: un mejoramiento eficaz de la vida en Francia y en Europa se perfila en el horizonte. Los sabios y los industriales contribuirán a dar a la humanidad el sueño de su redención y de su felicidad. La pu­blicación es notable además porque indica en el aspecto filantrópico — socialista por definición — del sistema económico uno de los caracteres de la nueva sociedad.

C. Cordié