Caraffa o De la Poesía Épica, Camilo Pellegrino

[Il Caraffa o vero dell’épica poesía]. Diálogo de Camilo Pellegrino (1527-1603), publicado por primera vez en Florencia en 1584, y reedi­tado luego varias veces, generalmente junto con otros ensayos de la nutrida polémica en pro y en contra de la Jerusalén libertada, que ocupó los últimos años del siglo XVI y se prolongó también en el XVII. Pelle­grino, fraile capuano, tuvo el honor de ini­ciar la encarnizada polémica. Honor discu­tible, ya que fue él, fiel amigo del Tasso, pero literato y crítico muy mediocre, quien dio a la cuestión una dirección equivocada, haciendo resaltar la belleza de la Jerusalén a base de atacar el Orlando furioso. Parece realmente -que esta postura comparativa fue adoptada antes en debates verbales en­tre admiradores y devotos del Tasso, pero Pellegrino fue. el primero en convertirla en una discusión escrita, despertando un deseo que existía ya adormecido y airean­do los múltiples escritos sobre la cuestión, la mayor parte de los cuales adolecían del error indicado. El mismo Pellegrino, que era un hombre afable, se sintió sorprendi­do de la resonancia que tuvo su diálogo, y fastidiado de verse obligado a intervenir otra vez en el debate, para replicar a sus contradictores y ásperos censores del Tasso. En realidad, hay que reconocer que si la verbosa y violenta polémica entre partida­rios del Ariosto y del Tasso dio pocos es­critos interesantes y escasas ideas notables esparcidas en páginas generalmente vanas y retóricas, el Caraffa es tal vez la obra más débil entre todas, y quien quiera rea­nudar la enmarañada cuestión puede desentenderse de aquel diálogo en pocas pala­bras.

El Caraffa toma el título del príncipe de Stigliano, señor de Caraffa, que es uno de los interlocutores. El otro es G. B. Attendolo, a quien es confiada la demostración de la tesis fundamental del diálogo, la cual es la siguiente: que la Jerusalén libertada se ajusta más a los preceptos de Aristóte­les que el Orlando furioso. A éste se le re­conoce algún valor, sobre todo de elocución, pero se le buscan sus muchos defectos, que se presumen tales, con tal severidad que resulta cruel. Por lo demás, también los literatos entran sucesivamente en la dis­cusión, y son generalmente más rígidos que Pellegrino, por no saber liberarse ni del pre­juicio aristotélico ni, excepto uno, de la antítesis entre Ariosto y Tasso, que fue la enseña de la larga polémica.

A. Pompeati