Visión de Alberico, Monje de Montecassino

[Visio Álberici monachi Casinensis]. Es una de las numerosas visiones medievales, halladas en los archivos del convento de Montecassino y publicada como apéndice a la edición de la Divina Comedia dirigida por De Romanis (1815-1817).

Alberico, que fue monje de aquel convento a principios del siglo XII, tenía diez años cuando, según declara en el prefacio, cayó en éxtasis. Su visión, redactada por el monje Guido por orden del abad Girardo, fue más tarde corregida y completada, se­gún deseo del abad Signoretto (1127), por el propio Alberico y por Pedro Diácono. El muchacho, al que un ángel levanta por los cabellos, es conducido a visitar los reinos de ultratumba bajo la guía de San Pedro y de dos ángeles. Las penas están descritas con el desorden acostumbrado en estas tos­cas composiciones: los niños se hallan en un lugar apartado; los fornicadores, adúlte­ros e incestuosos están hundidos en el hielo; los tiranos se hallan envueltos por glo­bos de llamas; los homicidas sumergidos en sangre hirviente; los que no santificaron las fiestas se ven obligados a subir y bajar por una escalera de llamas; las mujeres que ne­garon la leche a sus hijos son suspendidas por los pechos de ramas espinosas; etc.

En medio del infierno, entre Judas, Caifás, Herodes y los demás culpables de la muerte de Jesús, se halla Lucifer encadenado en un pozo. Por el puente que sólo los justos pueden cruzar se pasa a una especie de pa­raíso donde esperan el día del juicio final, después del cual serán admitidos a ver a Dios. De aquí Alberico es trasladado al pri­mer cielo, donde San Pedro le expone el orden de los demás cielos y su jerarquía, indicándole que el mundo está dividido en cincuenta y una regiones y mostrándole como toda humana culpa deriva de los tres pecados fundamentales: gula, lujuria y so­berbia. Por fin el apóstol le pone en la boca un cartelito escrito — reminiscencia de la visión bíblica de Ezequiel — y le manda a la tierra, imponiéndole que cada año haga una ofrenda a la Iglesia y cuente cuanto ha visto. Este típico ejemplo de visión monás­tica comprende también una larga apología del monacato y de los benedictinos; en el momento de su publicación, despertó una larga polémica en el campo de los estudios sobre Dante; algunos investigadores quisie­ron ver en ella una fuente directa de la obra maestra dantesca.

Hoy, ampliados y profundizados los estudios sobre el tema, se duda que Dante hubiera tenido conoci­miento de la Visión de Alberico; el número considerable de narraciones de este género aparecidas, hace más verosímil la hipótesis de que las coincidencias, en una materia tan divulgada y popular, sean puramente fortuitas.

E. C. Valla