Vidas de Santos, Venancio Honorio Clemenciano Fortunato

Además de la Vida de Santa Radegunda (v.), la producción hagiográfica en prosa de Venancio Honorio Clemenciano Fortunato, poeta cristiano del siglo VI, errante en la Galia, elevado hacia el fin de su vida a la sede episcopal de Poitiers, comprende otras biografías panegí­ricas de escasa importancia histórica y lite­raria.

Después de un perfil, lo más descar­nado posible, del carácter y de las virtudes; del santo, las Vidas presentan una serie monótona de milagros a menudo semejantes entre sí y rayanos en la leyenda, ricas en elogios, en estilo casi siempre pobre y hu­milde, por explícito propósito del autor: ma­teria y forma muy aptas para conmover el corazón popular. La primera en redactarse fue la Vida de San Albino, obispo de Angers, por invitación de Domiciano, su sucesor, a quien va dedicada. La carta dedicatoria nos proporciona preciosas informaciones sobre el fin de esta y de las otras obritas: escritas «para edificación de la plebe»; tienden a un doble fin: a la veneración de cuanto el pue­blo ve de admirable en los santos, y a la sagaz corrección de las propias miserias.

A Pascencio, obispo de Poitiers y ya antes abad de San Hilario, le fue dedicada la Vida de San Hilario, seguida de un libro sobre las Virtudes de San Hilario; a Marciano, segu­ramente abad de un monasterio fundado por el santo, la Vida de San Paterno, obispo de Avranches; a Germano, obispo de París, la Vida de San Marcelo, su predecesor. Venan­cio compuso también, después de la muerte del santo, una Vida de San Germán, el obis­po tan recordado, conocido suyo, alguno de cuyos milagros presenció. Se ha perdido, en­tre las biografías genuinas, la Vida de San Severino, obispo de Burdeos, sobre el que hay una referencia en Gregorio de Tours (m. hacia 594). Con la sencillez de narración de estas Vidas contrasta plenamente la elegan­cia hinchada y docta de las epístolas dedi­catorias que generalmente las acompañan: elegancia y afectación entonces bien comu­nes y semejantes a lo que nos queda de la producción en prosa y en verso del autor.

G. Billanovich