Vida de Santa Radegunda, Venancio Honorio Clemenciano Fortunato

[Vita S. Radegundis]. Es la obrita más notoria de la producción hagiográfica en prosa de Venancio Honorio Clemenciano Fortunato, poeta cristiano del siglo VI, que residió en diversas partes de la Galia, y a fines de su vida fue elevado al solio episcopal de Poitiers.

En ella se celebra el milagro de las «grandes victorias» del frágil sexo femenino, revelando, para edificación de los demás, los ocultos tesoros del alma y de la vida de Santa Radegunda, reina. De su casa paterna en Turingia, la niña, tras la vic­toria de los francos, pasa a la corte de Clotario I, como prisionera primero, y más tarde, aun en contra de su voluntad, como su esposa. Habiéndose separado de su espo­so a causa de la muerte de su inocente her­mano, vistió el hábito y fundó un convento cerca de Poitiers, dándose por completo a una vida de oración y de dura mortifica­ción a la que se sentía llamada desde la infancia. Fue entonces cuando la conoció Venancio, y la amó y cantó en sus versos; fue entonces cuando inició su carrera ecle­siástica, cuando terminó su larga peregrinación.

Realmente esta exaltación de la Santa, realizada después de su muerte, aun sin dejar entrever la intimidad afectuosa de ciertas cartas poéticas de Venancio diri­gidas a la ilustre mujer — no descubrimos ninguna alusión a relaciones personales’—, está animada de un entusiasmo y de una riqueza de detalles que no se encuentran en las demás Vidas de Santos (v.) en prosa de este autor. Lejos de ser, como aquéllas, simplemente una enumeración de milagros poco interesantes por su uniformidad, ésta, por el contrario, revela el esfuerzo para captar los aspectos más vivos de esta san­tidad, que sabe dejar por doquier una estela benéfica, que va madurando cons­tantemente a través de un solícito interés por las pequeñas y grandes conquistas de cada día.

Su amor hacia los enfermos, ha­cia los pobres, hacia los humildes, por los quehaceres más bajos, el situarse en últi­mo lugar, el ascetismo más austero, la tor­tura continua de la carne en su perfecta unión con Dios, caracterizan a esta podero­sa personalidad. La obra no carece de cier­to interés histórico, sin duda superior a su valor literario. La complaciente abundancia de elogios revela la artificiosidad de la época, a la vez que el estilo consciente­mente «privado», es decir sencillo y sin pretensiones, al alcance del pueblo, difiere muchísimo de la elegancia pomposa y re­finada de la prosa habitual en Venancio Fortunato.

G. Billanovich