Trilogía de las Barcas, Gil Vicente

[Trilogía das Barcas]. Obra de Gil Vicente (1470?- 1539?) formada por los siguientes «autos»: Barca do Inferno, Barca do Purgatorio y Barca da Gloria, las dos primeras en portu­gués y la tercera en castellano, si bien el título y las acotaciones están en lengua portuguesa. Pertenecen a aquel tipo de «obras de devoción», porque, en su origen, estaban destinadas a ser representadas en la capilla del Palacio Real. Con todo, la Barca del Infierno fue representada en 1517 en las habitaciones de la reina doña María, por expreso deseo de la misma, ya enferma de la dolencia que la llevó a la tumba; la Barca del Purgatorio fue puesta en escena al año siguiente en el Hospital de Todos los Santos de Lisboa y, finalmen­te, La Barca de la Gloria en la Navidad de 1519 en Almeirin, junto a Santarem, la re­sidencia campestre predilecta de los sobe­ranos de Portugal. La decoración es la mis­ma para los tres dramas: ancladas a la ori­lla de una ría, hay dos barcas, una guiada por un ángel, la otra por un demonio. Al­guien ha querido ver en estas dos barcas una reminiscencia de la nave dantesca de Caronte y la del ángel que va a la tierra a recoger a las almas del purgatorio en la desembocadura del Tíber. En la Barca del Infierno llegan sucesivamente un hidalgo lleno de jactancia, un usurero, un pobre bobo, un zapatero remendón, un fraile con su barragana, una celestina, un judío, un juez, un procurador, un ladrón muerto en la horca y cuatro caballeros muertos com­batiendo por la fe. Los últimos suben a la nave del ángel y les acompaña el idiota, porque se le considera irresponsable. Los demás son condenados.

En la Barca del Purgatorio aparecen un pobre campesino víctima del trabajo, una vendedora de le­gumbres que ha acabado su vida consumida por las tribulaciones, un pastor y una pastorcilla, un niño y un jugador desocupado y holgazán. Todos van al Purgatorio, ex­cepto el niño que va al Cielo y el jugador desocupado que va al Infierno. En la Barca de la Gloria aparecen personajes mucho más importantes: un conde, un duque, un rey, un emperador, un obispo, un arzobis­po, un cardenal y un papa. El Diablo dice de las suyas y a todos descubre sus acha­ques, pero se encomiendan a Cristo que los salva. Cuando zarpa la nave y se iza la vela, aparece en ella pintada la Cruz; los ángeles distribuyen entre los pasajeros cin­co remos que simbolizan las cinco llagas del Redentor por las cuales la humanidad fue salvada. En estos coloquios del Diablo con personajes de distinta condición social se nota fácilmente el recuerdo de aquellas Danzas de la Muerte (v.) tan populares en la Edad Media y que, incluso, dieron ori­gen a representaciones artísticas como las de Orcagna en el Cementerio de Pisa y de Holbein en el de Basilea. La Trilogía de Gil Vicente inspiró a Lope de Vega en la con­cepción de su Viaje del Alma.

G. Batelli