La palabra significa «estudio», término entendido quizás en oposición a «práctica» («maasé»). La mayor parte de los 63 tratados de la Mišná (v.) van seguidos cada uno de las normas preceptivas («halakot», plural de «halaká») en ella contenidas, de una discusión llamada «gemará» (de «gemar», completar, estudiar), debida a una clase de doctores que, a diferencia de sus predecesores en la Mišná, los tannaim (de «tena», enseñar, de ahí: maestros), son llamados amoraim (de «amora», loquens, interlocutor).
El contenido de la gemará es variado y por ello el del Talmud. Partiendo del texto de la Mišná, trata con mucha prolijidad del derecho civil, penal, ceremonial, culto del sacrificio y por ende del derecho histórico, pasa de estos temas nonistas o sea halákicos (de «halaká», norma vigente, práctica) a otros de carácter aggádico (narrativo, de «(h)aggadá», narración) para ofrecer noticias tradicionales, interpretaciones morales de textos bíblicos, datos folklóricos, alusiones a las doctrinas místicas, puntos de controversia, datos concernientes a la medicina, historia, geografía, matemáticas, creencias religiosas de otros pueblos, ideas filosoficorreligiosas, sectarias, etcétera. Las deducciones de carácter normativo están sujetas a reglas hermenéuticas fijas cuyo número varía de época en época; las partes narrativas son tratadas en forma libre y a menudo en estilo rutilante de poesía.
Dado que el número de interlocutores sube a muchos miles y comprende a hombres de doctrina y de ingenio, pero también a otros de menos alcances o de espíritu torturado por las pasiones y sufrimientos políticos de su época, se encuentra a veces lo sublime junto a lo trivial, desigualdad de valores que a menudo ha suscitado, a través de la historia, críticas, discusiones, censuras, prohibiciones del estudio del libro, condena a la hoguera de sus copias. Las condenas comenzaron con el decreto de Justiniano (553).
A partir del Renacimiento comienza a dibujarse una comprensión mejor de esta obra monumental (acostumbra constar de once tomos «in-folio»), que permite reconstruir la «forma mentís» judía postbíblica (el derecho es generalmente una exposición más bien académica que histórica) en el período comprendido entre los últimos siglos antes de la era cristiana y el siglo VII; pero — dada la influencia que ha ejercido (cfr. Responsi gaonici; Tosafoth, v.) y seguirá ejerciendo — el Talmud ofrece acaso también una notable contribución — con tal que se sepa apreciar en su justo valor el derecho en él expuesto — a una más exacta interpretación de los textos neotestamentarios. (Véanse en particular Strack y Billerbeck, Kommentar zum Neuen Testament aus Talmud und Midrasch, vol. IV, Munich, 1922-1928, y Joseph Bonsirven S. J., Exégèse rabbinique et exégèse Paulinienne, Paris, 1939. Del mismo, Le judaïsme palestinien au temps de Jésus- Christ, vol I, La théologie dogmatique; vol. II, Théol. morale, vie morale et religieuse, Paris. 1934 y 1935).
El Talmud no goza, naturalmente, de la autoridad que siempre se ha atribuido a la Biblia (v.), pero siempre sirvió como fuente para la codificación (cf. Códice rituale ebraico) del derecho judío. Desde les tiempos de los gaones, o sea de los jefes de las academias talmúdicas palestinenses o babilónicas en el período postalmúdico hasta el día de hoy se perpetúa la actividad de los «Decisores», o sea de una clase de doctos que dictan decisiones según el espíritu y la necesidad del tiempo, tomando siempre como base el material contenido en el Talmud o bien recurriendo a deducciones del derecho talmúdico, aunque sean hechas por simple analogía. El Talmud sigue así conservando un interés no sólo teoricocientífico, sino también eminentemente práctico. — Desde el punto de vista de las lenguas clásicas son de interés cientos de vocablos procedentes del griego o del latín e insertos, a través de cambios más o menos profundos en la forma y en la grafía, en el lenguaje talmúdico- midráshico. Obras de capital importancia son: Samuel Krauss, Griechische und lateinische Lehnwörter im Talmud. Midrasch und Targum (2 vols., 1898-1899).
Son de particular interés los centenares de parábolas que empiezan con «al modo de un rey… de una reina… de una matrona» y que se refieren a la Roma imperial. El material fue estudiado y confrontado con las obras de Mommsen por Ignaz Ziegler, Die Königsgleichnisse des Midrasch beleuchtet durch die römische Kaiserzeit (1903). — Rico y de gran valor es el material arqueológico talmúdico estudiado y críticamente expurgado por Samuel Krauss, Talmudische Archäologie, en tres volúmenes (1910-1912) y en los Qadmoniyot ha-talmud que constituyen un suplemento a su libro Synagogale Altertümer (1922) y que también se basa especialmente en materiales talmúdicos. — Es en extremo interesante la medicina bíblico-talmúdica sobre la que escribieron dos médicos: Julius Preuss, Biblisch- talmudische Medizin (Berlín, 1923) y Aron Sandler s. v. Medizin en Jüdisches Lexikon, IV, 9-25. El Talmud tuvo dos redacciones, ambas llevadas a término tras lúgubres acontecimientos históricos, de las cuales una es palestinense (Talmud Yérusalmi; denominación antigua Talmud eres Israel, Talmud de Palestina, redactado hacia 425 d. de C.), la otra babilónica, fruto de la enseñanza en las escuelas talmúdicas de Babilonia (Talmud bablí, Talmudá de-Babel), redactado a fines del siglo V). La redacción definitiva fue obra de los doctos Saboraim (exegetas) de los dos siglos siguientes.
La primera edición del Talmud con bula del papa León X fue obra del tipógrafo cristiano Daniel Bomberg de Venecia, 1520. Entre las que siguieron es de mencionar la de Ambrosio Froben (Basilea, 1578-1581).— La versión del Talmud Babilónico actualmente más en uso es la de Lazarus Goldschmidt (Berlín, doce vols., 1930-1936). — Para las versiones del Talmud Palestinense, cf. Hermann L. Strack, Einleitung in Talmud und Midrasch (Munich, 1921). [Trad. parcial de David Romano, con el título Antología del Talmud (Barcelona, 1953)].
E. Zolli

