[Rappresentazione dell´Annunciazione]. Muchas «representaciones sacras» están dedicadas al episodio neotestamentario de la Anunciación; notable, entre éstas, la atribuida a Feo Belcari (1410-1484).
Es una representación festiva: un ángel la anuncia, llamando a participar en ella a los profetas y sibilas; aparecen en escena Noé y Jacob, con la sibila Eritrea; otra pareja de profetas y otra sibila; Moisés, Josué, Samuel, David, Elias, Elíseo, Malaquías, Amos, Isaías, Jonás, Jeremías, Ezequiel, Daniel, Habacuc, las sibilas Pérsica, Póntica, Cumana, Tiburtina: todos estos personajes repiten sus profecías sobre el nacimiento del Mesías; hasta que aparece la Virgen ansiosa de ver a la elegida de Dios para la prodigiosa encarnación. Dios envía al arcángel Gabriel para «anunciar» a la Virgen; sigue la alabanza de los ángeles que acompañan a Gabriel en su misión; el breve diálogo, en latín, entre el arcángel Gabriel y María concluye con las palabras «Magníficat anima mea Dominum», que, floreciendo en los labios de María y llegando a ser himno de gozo, se difunden de la escena al pueblo, seguidas por el salmo entonado por los ángeles que regresan al cielo.
De este breve misterio existe una variante más amplia que se inserta al final de los cantos de los profetas, transportando la escena al cielo delante de Dios, donde tiene lugar una disputa sobre la plegaria del ángel que pide la redención del Hombre. En esta disputa hablan la Misericordia y la Paz en favor de la intención del Redentor, y la Justicia. Dado el resultado incierto de la discusión, Dios remite la pendencia al Hijo: «en Él se resuelve esta diferencia». Y a Él se vuelven repitiendo sus argumentos en pro y en contra la Misericordia y la Verdad, y la Paz; después de oírlos, el Hijo decide y escribe la sentencia que da al hombre «la muerte buena», es decir, la posibilidad de la eterna salvación con la condición de que un inocente muera para todos los pecadores. La Misericordia y la Verdad buscan en vano en el cielo y en la tierra, de manera que la Paz acaba pidiendo ayuda al Hijo. Éste declara que Él mismo se hará cargo del Pecado. Entonces Gabriel va al Limbo y anuncia a Adán la decisión del Hijo; Dios manda a Gabriel a María; y sigue la escena de la Anunciación, que es la traducción al italiano de la escena latina de la primera versión, después de la cual el Espíritu Santo regresa al Cielo, donde se festeja su retorno, mientras el Ángel despide al pueblo.
Esta segunda versión es distinta de la primera, que tiene un carácter más místico y litúrgico, y acentúa los motivos alegóricos dialécticos y morales. Ambas versiones nos dan un modelo en el cual los elementos dramáticos son todos de carácter sobrenatural, netamente distinto de las «representaciones» en que aparecen motivos humanos o formas populares.
M. Ferrigni

