En la actividad religiosa de Pietro Damiani (San Pedro Damián, 1007-1072) encierran gran importancia diversas composiciones poéticas, recogidas definitivamente en la Patrología griega y latina (v.) de Migne, en el tomo 145.
Si algunas de ellas expresan con gran elocuencia motivos espirituales íntimamente relacionados con las luchas de Pedro Damián (v. Libro de Gomorra y Opúsculos) y el terror de la muerte y el desprecio del mundo y de sus pecaminosos atractivos, otras derraman con regocijo la gloria del cristiano que confía en el Salvador y aspira a los bienes del paraíso. Un puesto destacado, por el hecho de que van ligadas a ciertas fiestas religiosas o a la glorificación de varios santos, tienen también aquellas composiciones que en lugar de meditaciones individuales expresan un mundo más simple, el del creyente que canta la alegría de la comunidad de sus hermanos.
Merecen mencionarse entre estas poesías el «Himno de la Santa Cruz» («Hymnus de S. Cruce»), que expresa el regocijo del cristiano redimido del pecado por intercesión de Jesús, cordero de Dios que en sí expía los pecados del mundo («In te mactatur victima/ quae mundi purgat crimina»); el «Himno a la Ascensión del Señor» («Hymnus in Ascensione Domini»), que manifiesta con pías y conmovidas palabras («Jesu, decus angelicum/dulcedo, desiderium») la gratitud por la ayuda otorgada por Dios al género humano; y viene en seguida el «Canto a la Virgen María» («Rhythmus de Sta. María Virgine»), que es todo alegría por el divino misterio de la Encarnación; y entre los himnos en honor de los santos, figuran el de San Pablo y el de San Pedro.
También estas composiciones, relacionadas con las inmediatas necesidades de la liturgia, muestran una vasta educación retórica por parte del autor, ya sea por el refinamiento de la expresión literaria, ya sea por la influencia de la tradición clásica.
C. Cordié

