El teólogo más docto de la Iglesia oriental (m. 749?), autor de la Fuente del conocimiento (v.), ocupa también un puesto notable en la literatura bizantina por su producción en la himnografía eclesiástica.
La tradición lo considera el autor de Octoeco, libro litúrgico de la Iglesia griega, que contiene cánones musicales para toda la semana, en los ocho tonos de la música eclesiástica, pero hoy se tiene ya por un hecho indiscutible que Damasceno no fue el autor del Octoeco, sino únicamente el reformador. En la forma que ha llegado a nosotros parece que son de San Juan Damasceno solamente algunos de los cánones para los oficios de los domingos. En la historia de la poesía eclesiástica bizantina él es, sin embargo, el representante más ilustre del canon musical: compuso, en efecto, los mejores cánones que posee la Iglesia. Los más grandiosos son especialmente los de Navidad, Epifanía, Pentecostés y Pascua, los tres primeros en trímetros yámbicos.
También compuso muchos otros para las más importantes fiestas de la Iglesia, unos sesenta en total. De la mayor parte de ellos el modelo y el inspirador fue San Gregorio Nacianceno. Los cánones de San Juan Damasceno, junto con los de Cosme de Jerusalén, fueron exageradamente admirados en la edad bizantina, llegando al extremo de que el Léxico de Suidas (v.) dice que «no han admitido ni admiten comparación con ningún otro en tanto dure la vida humana»; y una vida legendaria del santo autor hace profetizar a un santo monje que S. Juan podría competir con los querubines cantando las alabanzas de Dios.
En realidad, en los cánones falta por completo el calor del sentimiento y la claridad de expresión, en tanto que abundan artificios de todo género y complicadísimos juegos de construcción. En algunos, por ejemplo, las letras iniciales de cada verso están ordenadas en un acróstico que forma dísticos elegiacos. Además, San Juan ha querido hacer revivir la métrica clásica cuantitativa en la poesía cristiana; pero, naturalmente, habiendo ya perdido el sentido de la cantidad, esto le hizo caer en tantos errores métricos que se percibe claramente la victoria del acento sobre la cantidad. San Juan Damasceno fue también un atrevido reformador de la música eclesiástica, en la que introdujo nuevos signos y modificaciones de los antiguos. La música de San Juan Damasceno también fue introducida en Rusia.
S. Impellizzeri

