Poesías, Guido Gezelle

La obra poética de Guido Gezelle (1830-1899), el mayor lírico flamenco, se divide en dos períodos dis­tintos. El primero, brevísimo (1858-62 apro­ximadamente), lo integran las obras juve­niles: Ejercicios poéticos [Dichtoefeningen], Poesías, canciones y plegarias [Gedichten, gezangen, gebeden], Flores de camposanto [Kerkhofblommen], Pequeñas poesías [Kleengedichtjes].

En ellas, desde sus comienzos clasicizantes, el poeta evoluciona muy pron­to hacia formas más personales, románti­cas y líricas. En medio de una literatura que reproducía cansadamente viejos clisés, Gezelle hizo sentir su canto espontáneo, lleno de impresiones vivas, alimentado por una ferviente fe religiosa: «Oh, el rozar de la caña delicada/que pueda resonar en mi triste canto./Y lamentándome, venga ante Ti,/oh Dios, que a ambos nos haces subsistir».

Sigue un silencio de treinta años, durante el cual Gezelle (que entre tanto había sido alejado de la enseñanza por el influjo flamenquizante que ejercía) conti­nuó estudiando a fondo la lengua popular, viva, llegando así a la maestría lingüística que se revela en los dos ciclos de la edad madura: Corona del tiempo [Tydkrans, 1893], Collar de rimas [Rijmsnver, 1897] y en la colección póstuma últimos versos [Laatste Verzen, 1902]. Trad. italiana de R. Guarnieri (Brescia, 1941).

F. Bramanti

No es lo que puede llamarse un poeta de naturaleza. Al contrario, la mayor parte de sus poesías están elaboradas con mucho arte; y, a veces, el placer de superar las dificultades se traduce en una artificiosidad temeraria… Gezelle es el hombre de la poesía singular, el lírico cuya íntima fuer­za se revela en una expresión fugitiva plena de sentimiento, en el respiro de un verso alado; no es el hombre de los grandes pen­samientos o de las construcciones admi­rables. (R. A. Schróder)